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Cien. Entre el fuego y el oasis. | Reflexiones #100

Empezó como un fuego interno y se transformó en un oasis.

A ver, te cuento.

Imaginá un calor en la boca del estómago, como una pelota de fuego, un reflujo que sube por el pecho hasta la garganta y la llena.

¿Podés sentirlo?

Es una sensación incómoda, parecida a la necesidad de querer gritar.

Bueno.

Ahora imaginá que te baja por los brazos hasta los dedos. 

Entonces, pasa algo mágico.

Empezás a teclear y sentís que entrás en una realidad alternativa, un sub-mundo, donde todo fluye.

Sentís energía que circula, tu garganta se vacía, el pecho cede y la sensación incómoda en la boca del estómago se suaviza, no desaparece, pero se suaviza.

Pasaste de la necesidad de querer gritar al desahogo, y descubriste algo nuevo (y adictivo).

Sigo.

Días más tarde, después de repetir el proceso en privado, tu voz interna te dice: ¿por qué no compartís lo que escribiste?

Lo pensás y te llenás de dudas (y miedo). 

Pensás en lo que van a pensar y que no es suficientemente bueno.

Pensás en todo lo malo que podría pasar.

Rumiás durante días. 

Después tenés una respuesta fastidiosa a la rumiación: —¡Bastaaaa! ¡Ya fue! 

Saltás al vacío, publicás.

Las primeras horas, no son buenas, te ponés hipervigilante, sentís miedo y tensión.

Pero más tarde afloja, no desaparece, pero afloja.

Ahora, se abre un nuevo ciclo: necesidad, desahogo, hipervigilancia, miedo y afloje.

(Por cierto, soltar un escrito es como emitir señales al más allá).

Este ciclo se repite durante un tiempo, hasta que un día y sin darte cuenta, el proceso (inevitable) se vuelve menos incómodo. 

¡Ah! Y cada vez más gratificante.

El tema es así.

Pasaste de la revolución interna a la expresión (saltaste al vacío). También, de la expresión, a compartir con otros, primero los más cercanos y después el mundo (nuevamente, saltaste al vacío).

Bueno.

Te cuento esto porque es un poco de lo que viví en este tiempo.

Un incómodo recorrido de introspección y expresión.

Fueron 100 ediciones, casi 700 días, una semana tras otra transitando ciclos.

Con Reflexiones, me permití explorar (y explorarme) con temas que me desafiaron porque en su mayoría me eran ajenos, pero igual los transité.

Y sabés qué. 

Pasar de dos a tres dígitos es simbólico, es un hito representativo de lo vivido.

Te cuento algo más.

Escribir para mí es un proceso adictivo y necesario para mantener el equilibrio, para pasar (día a día) de lleno a vacío.

Y Reflexiones, las reflexiones, son un espacio donde busco explicar un mundo que no entiendo y desconozco casi por completo.

A ver, me explico mejor.

Desde chico siento una presión interna, una voz revulsiva (y muy fuerte).

Por eso la escritura me permite canalizar mi intensidad; también, frenar y pensar antes de seguir.

(¡Ojo! Por más que escribir me ayuda a intentarlo, sigo sin entender el mundo que me rodea).

En fin.

Reflexiones es un respiro, un oasis, una sensación de alivio que dice presente, al menos por un rato.

Ni tan importante ni tan irrelevante.

Cien reflexiones. Un viaje entre fuego interno, expresión, compartir, miedo, repetición y afloje.

Bueno, ahora sí.

Lo último y termino. 

Gracias por compartir tu tiempo y afecto, es combustible adicional y necesario.

Pero te confieso algo, mi proceso es egoísta.

Como te conté es un viaje personal que después de dos años sigue, porque no puedo evitarlo.

Sé que las señales que emito conectan con otras personas como yo, que sufren lo que sufro.

Nosotros (vos y yo) compartimos una profunda y dolorosa incomprensión del mundo que nos rodea y por eso reflexionamos.

PD: así vivimos, entre el fuego y el oasis.  

Fin.


Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.

Hasta la próxima reflexión, seguro. Gracias.

Mariano.

Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.

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