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León criado entre ovejas.

Primero quiero que pienses en la película del Rey León, la parte más triste. 

Sí esa, ¡te extrañamos Mufasa!

Ahora imaginá que Simba, en medio del desconcierto por la pérdida de su padre y mentor, en lugar de Timón y Pumba, se encuentra con un rebaño de ovejas.

Entonces las ovejas, al ver a esta pequeña (y peluda) criatura, llena de culpa, angustia y dolor, la suman al rebaño. 

Primero, todo parecía extraño. Pero con el tiempo, el vegetarianismo se asentó (lo hacía sentir liviano y ágil), y los chillidos molestos se volvieron familiares: —Beee, beee, beee.

Más tarde, paso a paso (piano a piano), el pequeño león se convirtió en uno más del rebaño, un león criado entre ovejas, un león-oveja.

Bueno. 

Hasta acá es una hermosa historia de muerte y resurrección, sigo.

Un lunes a las 08:37 (el horario en que te llegan mis mails), el ambiente estaba tenso, tirante, incómodo, el león-oveja (ya grande) no podía identificar por qué, pero lo sentía; una sensación en sus venas (como una vibración fuerte), la misma que tantas veces decidió ignorar (porque le decían que era raro).

Se dijo: —Tranquilo, ¡ya va a pasar! 

Siguió pastando y cantando: —Be-be-be-beee, be-be-be-beee.

Entonces, te cuento la peor parte.

De un segundo a otro, un desastre; mejor dicho: una carnicería, polvo, ruidos horribles, sangre y balidos de dolor. 

Algunas ovejas escaparon; otras, no.

Porque una manada de leones, atacó el rebaño para saciar su hambre y alimentar a sus crías, una escena escandalosa y horrible.

De repente, el jefe de la manada de leones, se escandalizó al ver un león adulto gritando y balando: —¡Beeeee! ¡Beeeee! 

No lo podía creer, era indignante para su especie, corrió tras él, lo tiró con sus garras y rugió con fuerza: —¿Qué estás haciendo? (enojado y en idioma rugido).

El león-oveja, lloraba y balaba: ¡Beeee, beeeee! 

El león-jefe, insistía: —¿Qué estás haciendo? ¡Sos un León!

Después de un rato y muchas lágrimas; el león-oveja se calmó. Vio imágenes escalofriantes, pero a pesar de eso, su estómago rugía por el hambre.

El león-jefe, se lo llevó a caminar, le explicó lo esencial de ser león, le contó secretos ocultos sobre reinar, guiar y cazar.

Si bien el león-oveja, se sentía extraño, las sensaciones en su cuerpo empezaban a tener sentido.

Entonces. 

—¡Rugí! —Le dijo león-jefe.

—León-oveja se asustó, dijo: —¡Beeee!

—¡No! Rugí. —Insistió león-jefe. 

—¡Beeeee!

—No, de adentro hacia afuera; conecta con tu fortaleza interna, con lo que está en el centro de tu pecho, con tu esencia, tu alma. —Repitió: —¡Rugiiiii!

—¡Grr! 

—¡Más fuerte! 

—¡Grrr! 

—¡Más fuerte!

—¡GRRRRRRRRRR! 

El rugido ahuyentó a las aves y animales (de todos los tamaños) que había alrededor, fue un rugido de liberación, de renacimiento y reconexión con su verdadera esencia, la esencia de ser león.

Bueno. 

El tema es así: llegó la hora de reconectar con tu esencia. 

PD: ¡Rugí! Tu marca personal de adentro hacia afuera: acá.

Fin.
Mariano.

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