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Ser o no ser. | Reflexiones #103

Hace cuatrocientos años, Shakespeare planteó el dilema en Hamlet de Ser o no ser en relación con vivir o no vivir.

Hoy la cuestión es otra. 

Ser uno mismo o no serlo.

Ser auténtico o Ser lo que te dicen que seas.

A ver, suena hermosa y poética la idea de Ser, pero no es fácil.

Tampoco imposible.

Empecemos.

En términos de Ser, vos (y yo) estamos condicionados. 

Si querés Ser, tenés que ser valiente, porque implica resistir los golpes de un mundo que te pide que seas otra cosa; también, bancarla estoicamente hasta que el mundo se acostumbre a vos.

Ser implica alinearte con eso profundo que tenés adentro, no que sigas ciegamente las reglas del exterior. 

Por eso dedicá un espacio a dudar por qué las cosas tienen que hacerse de una forma y no de otra.

Cuestioná: ¿quién sos más allá de lo que te dicen y dijeron que seas? (Tu familia, tus amigos, también la sociedad, la cultura y la época). 

Sigo.

Todo afuera te pide ser una cosa u otra y la presión es más grande que nunca porque está con vos desde que levantás hasta que te acostás.

Es más (no es sólo el smartphone), a tu alrededor existe un mundo que va desde las normativas de tránsito, hasta las formas básicas de organización y vivienda. 

Es facilitador. No tenés que levantarte cada mañana y pensar cómo comportarte, ni qué hacer para “sobrevivir” (nuestros antepasados sí). De hecho, te ordena y te permite ahorrar energía para cosas más importantes como: Ser.

¡Atención!

Si lo pensás, para la mayoría de nosotros existir se volvió bastante viable, pero ser desde la esencia en lugar del automatismo o capricho, no.

Por eso, no hablo de la visceralidad, actuar por impulso o motivado por un estado emocional alterado, sino de lo que sigue ahí después de meditar profundamente.

A ver, me explico.

Por un lado, respetá tu esencia y dale espacio a tu alma. 

Pero por otro lado, evitá actuar por capricho e infantilismo (es estúpido y egoísta).

Entonces, hay algo importante vinculado a ser uno mismo: la autogestión. 

Autogestionarte no es ser perfecto, sino evitar ser miserable en los días malos y superhéroe en los días buenos. Encontrar equilibrio para sostener relaciones a pesar de los desacuerdos, pero negociar sin traicionar tus valores. 

Es decir, claridad sobre lo que querés, pero convivir sin destruir a otros (o ignorarlos).

Ser, justamente: Ser. 

Si te conocés y autogestionás, los días de sol, los días nublados y también los de tormenta, aprendés a Ser (con vos y otros).

Porque Ser no implica destruir a un país, una cultura, leyes o personas que no te entienden.

Empezá por entenderte, encontrá la raíz de tu dolor y cuestioná tus primeras respuestas; sobre todo si son impulsadas por el odio o la ira.

Te cuento algo. 

El Dalai Lama de 90 años dio el mismo mensaje que me dio mi abuelo (ya fallecido) cuando era chico, dijo: —“Cuando te sientas mal, concentrate en respirar”.

Vos, ¿estás respirando?

¡Respirá!

¿Puede algo tan simple como poner la atención en la respiración cambiarte la vida?

Sospecho que algo de sabiduría hay en el mensaje de personas que transitaron una vida.

Bueno, con esto cierro.

En resumen. 

En términos de Ser, cuestioná, buscá y encontrá la forma de expresar y compartir tu esencia sin ser insensible con otros.

¡Respirá!

Existe el equilibrio entre escuchar, respetar y dar espacio a tu interior, y también, adaptarte para compartir con otros. 

Y algo más:

Ese espacio en el que gestionás (tus días oscuros y soleados), te respetás y compartís con otros tu Ser, es un trabajo diario.

PD: Que sea difícil no significa que sea imposible. 

Fin.

Mariano.


Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.

Hasta la próxima reflexión, seguro. Gracias.

Mariano.

Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.

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