El otro día leí esto:
“El poder corrompe, pero la impotencia corrompe más”.
Me quedé pensando en los dos ejes: quién tiene poder y quién lo quiere.
En mi experiencia, los dos casos tienen un problema de perspectiva a trabajar temprano.
Porque si tenés el poder, corrés riesgo de creerte más grande que la vida.
Por eso, necesitás rodearte bien, tener a alguien con quien hablar abiertamente y directamente para que te recuerde las cosas con honestidad.
Sos humano, no tenés que olvidar que las cabezas que pisás al subir te las vas a encontrar al bajar.
La Marca Personal de los números uno, necesita recordatorios de humildad, ver que la realidad es más amplia y ser uno en algo, no te convierte en el uno en todo.
En el segundo caso, la impotencia de poder, crece cuando se ve un mundo limitado en opciones.
También necesitás personas de confianza que te recuerden que tu valor no depende de si llegás o no a ser el número uno.
A ver, no me malentiendas, está genial si llegás, pero a veces hay que parar antes de inmolarse, es mejor resignificar y buscar nuevos caminos.
(No me refiero a bajarse ante la adversidad, sino lo contrario).
La ambición de querer ser el uno, tenés que aprovecharla en tu Marca Personal. Todos tienen un nicho, nadie puede ser mejor que vos siendo vos mismo.
Seas el uno o estés en camino (buscando tu nicho), tu Marca Personal es tu principal activo y necesitás alguien con quien hablar y pensar estratégicamente.
PD: No es necesario corromperse, tengo un espacio para el Modelo: Modelo de Marca Personal.
Fin.
Mariano.
Hambre. Y ganas.
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