El pensamiento crítico se alimenta de la educación y el cuestionamiento.
Además, como dijo Mandela: la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo.
Pero sabés qué, hay formas de cambiar el mundo, algunas más tolerantes que otras.
El mismo Mandela o Gandhi o Teresa, cambiaron el mundo de forma no violenta y tolerante.
Y Hitler o Mao o en la actualidad donde cada vez es más difícil saber quiénes son los buenos (sea Ucrania, Irán, izquierda o derecha), pero algo es seguro, cambian el mundo de manera violenta.
Porque cuando alguien se pone en una situación “por encima de…” y se toma la atribución de decidir el destino de otro ser humano, hay un problema.
La intolerancia se manifiesta de muchas formas, pero en la creación de relatos hay una estructura que se repite.
Y cuando lo detectes tenés que preguntarte: ¿qué están buscando con esto? ¿quién gana y quién pierde?
Porque pensar críticamente es justamente eso, cuestionar (y cuestionarte) esa realidad que se te presenta tan bien estructurada que si la defendés te hace sentir superior moralmente.
Sigo.
En un relato intolerante o fanático, hay roles o figuras que se repiten:
La víctima, sea real o imaginada.
La víctima es ese o esos personajes que sufren algún tipo de adversidad, sea la libertad física, psicológica o ideológica, el acceso a educación, la libre circulación o poseer un smartphone (para estar en redes sociales mirando a estrellas de Hollywood o influencers tener un estilo de vida que nunca van a tener).
El villano (también real o creado), es el individuo o colectivo, responsable del sufrimiento de las víctimas. Se representa con ciertas abstracciones pero con elementos demonizantes, generalmente tiene fealdad física o psicológica.
Lo importante a destacar es que son los responsables de dañar a las “pobres y vulnerables” víctimas.
El héroe, es el individuo o colectivo, que tiene el poder y la responsabilidad de hacer que las cosas pasen y cambien. Suele ser una figura con algún don sobrenatural, ya sea su fuerza, inteligencia o ideales.
Sí, sabemos que su “estructura moral” es ampliamente superior a la del villano.
Bueno.
Una vez identificados los personajes (o figuras), empieza la acción.
La víctima sufre, el villano daña y el héroe inicia el camino de salvación, en general tropieza, enfrenta crisis, pero…
Al final del recorrido, llega a la tierra prometida.
(La zanahoria que eleva la moral de las víctimas y genera la energía suficiente producir el cambio eliminando al villano).
A esta altura, te preguntás: ¿por qué te estoy contando esto?
Porque hoy más que nunca, tenés que pensar críticamente, cuestionar las “verdades” que te presentan e identificar claramente las señales de intolerancia.
Porque nos estamos volviendo (vos, yo y todos) cada vez más extremos en el pensamiento. Y nos alimentamos en nuestra bobi-cámara de eco (sea tu red social favorita o la IA que uses), pero perdés de vista que hay muchas perspectivas.
Además, una vez que te volviste fanático, es muy, pero muy difícil reconstruir una estructura que favorezca el pensamiento crítico.
Y lo lamento, pero: pasa con las etnias, con las religiones, las naciones, la política, el fútbol y el género.
¡Pasa!
Cuando no mantenés la guardia alta, sos vulnerable al engaño y olvidás que en el fondo (y no tan al fondo):
Todos sufren: ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo.
Y siempre es cuestión de perspectiva.
PD: No lastimes a quienes tenés cerca en nombre de la “supremacía moral”.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
¿Te gustó? Decimelo. Hasta la próxima reflexión. Gracias.
Mariano.
Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.
