No hay final feliz.
Los luditas fueron artesanos de oficio que en la revolución industrial se resistieron al cambio destruyendo telares.
Hoy los artesanos existen, las máquinas mejoraron y los luditas son recordados por ser: anti-tecnología.
Mirá, pasó antes y después de los luditas, nos vinculamos de formas impredecibles con el cambio.
Algunas personas lo impulsan y otras se resisten.
Si recorrés la historia desde el papiro pasando por la imprenta, la revolución industrial y llegás a hoy, con la inteligencia artificial, los nombres propios cambian pero los roles se repiten.
Eso, sí:
Mayor el cambio, mayor la resistencia.
El cambio no se trata solo de tecnología, sino de humanidad.
Porque es muy humano evolucionar y es muy humano resistirse.
Además, te guste o no, con la fricción pasan cosas desagradables.
¡Ojo!
Yo sé que el cambio es inevitable (pasó con los telares y está pasando ahora) si bien no me resisto, hay cosas que no me gustan.
Es más, me preocupan (y ocupan).
Por un lado, veo que las brechas, el malestar y el sufrimiento están creciendo.
Pero lo que más preocupa de todo, es la desconexión y la falta de empatía.
La verdad, estás muy ocupado para reflexionar y conectar con otros.
Tu ego se potenció sumergido en su micromundo 24×7 (tu smartphone).
Y tu tiempo para conectar y empatizar con extraños, es nulo.
Es más, a veces no tenés tiempo para los tuyos.
¿Me equivoco?
A ver, pensalo así:
Vayas donde vayas, llevás tu red de contención con vos (tu teléfono) y cuando algo se pone aburrido (incómodo o vacío) respondés mensajes o visitás tu red social favorita.
Como si fuera poco, sumaste un asistente carente de empatía y te volviste más escéptico porque sabés que tenés todas las respuestas en tu bolsillo.
(La IA es práctica para la eficiencia, pero poco en materia humana).
Insisto.
No se trata solo de tecnología, sino de humanidad.
Te cuento algo, no sé si lo viste.
Hace unos días se viralizó un vídeo de una mujer que tuvo un estallido de furia en una municipalidad, lo que más me sorprendió no fue el hecho (porque vivimos al límite) sino que la mayoría de las personas alrededor miraban o sacaban su smartphone para filmarla. Los menos buscaban asistirla y contenerla.
Otro ejemplo. Este lo noté conmigo mismo:
Cuando se acerca alguien que no conozco, desconfío.
Frunzo el ceño y todo mi cuerpo se pone en alerta (y si es muy diferente, peor).
Mi mente baraja mil posibilidades en un segundo y todas son negativas.
Bueno.
Lo último y termino.
Hay un refrán que dice: en el mundo de los ciegos, el tuerto es rey.
Ahora, pienso:
En un mundo que estamos tan ocupados para registrar el sufrimiento de otros, nos asesoramos sin humanidad y nos protegemos de la incomodidad dentro de nuestras burbujas, ¿quién reina?
Te invito a que lo pensés y me des tu opinión.
PD: Sin empatía… La primera línea.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
¿Te gustó? Decimelo. Hasta la próxima reflexión. Gracias.
Mariano.
Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.
