Volver

Absurdo. | Reflexiones #120

La probabilidad de que lo que pensás hoy sea falso es alta. 

Me explico: el filósofo Larry Laudan desarrolló la inducción pesimista: dado que la mayoría de las teorías científicas del pasado, aunque tuvieron consenso, fueron falsas (en parte o totalmente); es probable que las teorías que hoy tienen consenso, mañana sean falsas (en parte o totalmente).

Te digo esto porque quiero que evites el fanatismo, los dogmas y el sufrimiento innecesario de tener que luchar con tu ego.

Notaste en mis escritos que, como otras personas, tengo opiniones y posiciones sobre el mundo que me rodea. Pero también, aplico la inducción pesimista, y por más que a veces me duela admitirlo, tomé consciencia de que muchas de mis teorías pasadas con el paso del tiempo resultaron falsas (más totalmente que en parte).

Me explico: lo que pensé en la adolescencia a los veintitantos me pareció absurdo; lo que pensé a los veintitantos a los treinta y tantos me pareció absurdo; y hoy, a una semana de cumplir cuarenta, puedo decir que la mayoría de las teorías que tuve se volvieron falsas (por no decir absurdas).

(Hay una excepción: los valores. Pero eso es contenido para otro escrito). 

Los años pasan, el ego se diluye, las certezas desaparecen y las dudas crecen. 

Y lo más probable es que lo mismo pase con las ideas que hoy me dan seguridad. Si esquivo lo que queda de mi ego, afirmo: mañana van a cambiar.

Te cuento algo: 

Me encantan las preguntas reflexivas porque, en lugar de certezas, fuerzan respuestas con matices. Y ayer en el curso del MBA, con personas de diversas edades, profesiones y experiencias, hablamos sobre marketing de servicios, el rol empresario y el impacto de las nuevas tecnologías en nosotros. Planifiqué un encuentro con muchas preguntas incómodas, reflexionamos sobre cómo nos afecta el entorno y por qué lo vemos como lo vemos. —Con tantas preguntas terminamos con más dudas que certezas. 

El mundo que te rodea está lleno de conceptos que antes eran ciertos y hoy están tensionados. Cuando hablás con otros tenés más perspectiva, ampliás tu conciencia, pero no eliminás la tensión porque vivís en un momento de la humanidad en el que hay más preguntas que respuestas.

Es muy humano querer tomar una posición para terminar con la tensión de la incertidumbre. Pero querer certezas en este ambiente es tan absurdo como volver a la adolescencia.

Ya sé que no todos están igual de preparados para lidiar con la incertidumbre, ni tampoco para permitirse aceptar que las teorías propias son falsas. Pero también es cierto que tenés que prepararte para tolerar las tensiones del presente, porque los pocos consensos que sobreviven hoy, más tarde que temprano, se van a volver falsos. De lo general a lo particular y viceversa.

—¿No me creés? —Hacé un ejercicio, viajá en el tiempo unos años y pensá: —¿Cuánto de lo que pensás hoy se parece a lo que pensaste antes? 

—¿Hay mucha coincidencia? —Bueno, ahora pregúntate: —¿Estoy atrapado en una etapa de la vida que debería haber soltado?

Fin.
Mariano.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

Volver