No puedo decir “me siento diferente” pero sí puedo decir que algo está cambiando, o mejor dicho, que viene cambiando poco a poco pero desde hace mucho tiempo. Meses o quizá años.
—¿El ego se diluye con el paso del tiempo?
La vida es misteriosa, a veces no pasa nada y otras veces pasa todo junto. Pero capaz es una ilusión, porque siempre pasan cosas, pero verlas o no depende del lugar que ocupás como observador. Porque si mirás desde un lugar distinto, tu visión cambia y muchas veces mejora.
No es lo mismo ver la vida en primera persona, que verla desde la perspectiva del otro o incluso desde afuera, en tercera persona.
—¿El ego se diluye si cambiás tu posición?
Por ahí no se trata de cambiar de posición a la fuerza, sino que es el efecto del paso del tiempo, la acumulación de horas de vuelo. Y entre tu experiencia de vida, roces, golpes y también logros, más cuidado tenés. Porque más horas, para los que aprenden las lecciones, es más capacidad para tomar distancia y ver desde diferentes ángulos.
Igual, no sé si son las perspectivas, solo sé que algo está cambiando desde hace mucho tiempo. Es más, por ahí lo que cambia al ego, no es la perspectiva, ni la acumulación de horas de vuelo, sino que es la madurez.
El darse permiso para madurar. Permitirse una muerte y una resurrección, teniendo la flexibilidad para destruirse a uno mismo y volver reconstruido en algo nuevo. Distinto.
Es cierto, soy consciente de que no todos logran este proceso, algunas personas no se permiten morir y renacer. Solo quedan atrapadas en etapas que no pueden soltar. Es triste, pero sí, algunas cosas se pudren sin madurar. Pero si lo lográs, al madurar, el ego deja espacio y da permiso para algo más bello que tu propio ombligo. Te lo prometo.
—Entonces, ¿el ego es inútil?
No llego a una respuesta definitiva. Pero soy consciente de que el ego también se nutre del ambiente. Y en nuestras tierras sobra. A veces lo usamos en exceso y otras en la medida necesaria para lograr cosas extraordinarias. Dejamos huella en el arte, tenemos Nobeles y a los mejores del mundo con la pelota a sus pies. Hay logros que, por su tamaño, definitivamente se alimentan de la energía del ego (y del suelo). Porque el ego le saca espacio a otros, pero también te impulsa a hacer locuras que pueden ser muy grandes.
Por ahí no se trata de destruir al ego, sino de ponerlo en el lugar que le corresponde, usarlo con criterio, cuidado y sin sacarle el espacio a otros. O por ahí se trata de aprovechar el ego y otras herramientas. Y permitir que el ego le deje el espacio al otro, o incluso se permita disfrutar la obra desde afuera.
Pero no lo sé, sigo sin entender muchas cosas, solo sé que algo está cambiando y lo hace desde hace tiempo. Si lo pienso, lo que me lleva a escribir sobre el ego es lo mismo que lo alimenta. Pero también tengo preocupación por el futuro; las señales que miro no son lindas, veo egos inflados que ocupan tanto espacio que solo se chocan entre sí. Y lo más triste es que ni siquiera se preguntan si puede haber otras formas de usarlo.
En lo personal tengo la extraña sensación de que algo está cambiando, mi ego se suaviza, pero no porque pierda aplomo, sino que se vuelve más preciso. Cuando estoy con fuerza, busco múltiples perspectivas, e intento con nuevas herramientas. La sensibilidad funciona, me ayuda a registrar a otros y me permite decirle al ego que tiene que calmarse.
Pero capaz todo esto es parte de mi imaginación y es el ego disfrazado haciendo lo que siempre hace.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
