Sin poder evitarlo empecé a observar algo que me tiene un poco desorientado. En realidad, no sé si la palabra es desorientado, preocupado o directamente, angustiado.
Lo que observo, que ahora te voy a contar, es de esas cosas que no podés ignorar una vez que las ves. Entonces, como quien sufre un evento traumático, en cada persona que conozco busco señales que confirmen o descarten lo que observo.
Lo que observo es un mundo lleno.
Me explico: no digo que todos porque también veo excepciones, pero lo que observo son personas que esquivan el vacío, están: llenas.
Y donde antes había espacio y vacío para explorar y explorarse, hoy hay ruidos y estímulos que lo rellenan todo. Y donde antes había intención para descubrir caminos distintos, nuevos y extraños (por oposición), hoy lo lleno ocupa el vacío, destruye la iniciativa y anestesia los sentidos. Se mueven, sí, pero como quien ignora las señales, necesitando estímulos cada vez más extremos para volver a sentir.
Pero, ¿podremos mantener vivo nuestro organismo en el sinsentido? —Quizá la tecnología nos ayuda a recuperar un ojo ciego, un oído sordo, pero no sé si va a poder ayudarnos a recuperar un alma llena de escombros.
La profesión que elegí me da la oportunidad de conocer personas con edades, formaciones, experiencias e historias de vida de lo más variadas. Y además, por trabajar 1:1 y crear y compartir contenido con mis escritos y el podcast, tengo la oportunidad de profundizar y acceder a nuevo conocimiento todos los días.
Sabés qué, lo que más me sorprende son las personas que desde diferentes frentes están con carteles gigantes con luces de neón y bengalas de humo, manifestando el estado de alarma de la forma en que vivimos. Pero el mundo anda tan lleno que todo parece ser lo mismo. Lo que tiene argumento y lo que no se iguala ante un observador anestesiado.
Hace unos días en un almuerzo alguien me preguntó en relación a estos temas: —Mariano, ¿por qué te importa tanto? —Y después de pensarlo un poco, le respondí: —Además de ser humanamente sensible, me preocupa porque es el mundo donde mi hijo vive y va a vivir de adulto. Quizá no tenemos la conciencia suficiente. Pero, vos y yo estamos creando futuro, y no solo con lo que hacemos sino también con lo que ignoramos.
Ya sé que este escrito es duro, pero si leés es porque creés que algo te puede aportar, y esa es mi manera de crear futuro. Por eso, te invito a que observes, pero no solo lo obvio, lo que te digo yo, un medio o lo que ves en la calle cuando salís. Sino que te des la oportunidad de observarte y explorar cómo te sentís, que puedas dejar el celular durante horas y te permitas sentir esas emociones atrapadas. Y quiero que las transites, porque cuando recuperás la conexión con vos también recuperás la conexión con lo que te rodea. Si sos de los que les cuesta, puedo asegurarte que una vez que conectás profundamente empezás a ver al otro, pero de otra manera.
Y agrego, no te hablo desde ningún dogma, no me importa tu género, tu edad, tu raza, si sos religioso, ateo o agnóstico. Demasiado daño hacemos con cualquier tipo de tribalismo. Lo que me importa, es que tenemos que recuperar la humanidad que llevamos dentro y usar nuestros talentos para aportarle algo bueno al mundo. Y, por qué no, crear el mundo que se viene con más responsabilidad.
¿Tenés dudas? —Si nos une una camiseta o una tragedia, ¿por qué tenemos que esperar a que las cosas malas pasen para despertar?
Sueño con ver un mundo lleno, pero no de basura, sino de educación, confianza y reciprocidad.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
