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Tu intención cuenta. 

Soy afortunado por tener la posibilidad de dar clases. Hay una frase de Séneca que dice: —Los hombres aprenden mientras enseñan. —Estoy de acuerdo porque aprendo un montón. 

Sabés qué, me encantan los cursos de MBA. En cada comisión hay una diversidad bárbara en cuanto a rango etario, experiencia y profesión (desde contadores y abogados hasta bioquímicos, médicos e ingenieros).

El otro día en uno de los cursos surgió un debate espontáneo y apasionante: —El buen marketing vs. el mal marketing. —Llevo un tiempo reflexionando sobre esto, pero en este caso, con el ida y vuelta, lo llevamos a otro nivel.

Voy al punto: —¿Sabés cuál es la diferencia entre el buen marketing y el mal marketing? —Crear valor o destruirlo.

El buen marketing no es transaccional, sino que busca crear valor (entendiendo el valor como crear más beneficios que costos). 

Hoy los clientes naturalizamos que profesionales y empresas prometan y no cumplan. Desde descuentos mentirosos hasta productos (y servicios) mediocres disfrazados de buenos. Eso no es crear valor, eso es destruirlo. Y es lo que hace el mal marketing. 

El buen marketing mira a largo plazo y sienta en la mesa a otros actores (no solo a accionistas y directores). El bueno se preocupa por sus clientes y también por el entorno en el que opera. Es simple: —Si te olvidás y matás a las gallinas, en algún momento te vas a quedar sin huevos (y no solo sin los de oro).

Cierro con esto: más allá de señalar y buscar culpables (que hay muchos), como pasa con cualquier otra profesión, las intenciones cuentan.

Y, tengas la profesión que tengas, para hacer las cosas bien o mal, empieza con la intención que tengas.

PD: tu intención cuenta.  

PD2: desarrollá tu marca personal con intención: Modelo Pbe©.

PD3: por ahora sin espacios, pero a partir del 21 de septiembre abro dos.

Fin.
Mariano.

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