Medir es importante, pero no todas las medidas importan.
Las últimas décadas nos obsesionamos con la cuantificación y la creación de indicadores y KPIs. A veces funcionan muy bien (sobre todo para racionalizar procesos, escalarlos y evidenciar –ineficiencias y vagos–), pero otras veces no, porque hay cosas que racionalizadas pierden su valor.
(Si llevás tiempo acá, sabés que me encanta usar la metáfora y la analogía para expresarme).
Sigo.
El simple proceso de profundizar en las reacciones químicas que llevan a mi cerebro a sentirse como se siente cuando recibo un abrazo de mi hijo, le saca la magia.
Es decir, entiendo que haya personas a las que les encante entender las reacciones químicas del cerebro cuando abraza, pero en mi caso prefiero disfrutar del abrazo y punto.
Por otro lado, sí me gusta medir, comparar y analizar los resultados de lo que hago con mi trabajo. Miro las métricas de mis proyectos (analizo el feedback del modelo 1:1, cursos, el podcast, feedback de alumnos, etc.), pero sin obsesionarme, por dos motivos:
Primero, porque la métrica muchas veces esconde las etapas y estadios del proyecto. Y segundo, porque tengo en claro que las medidas que me importan (como pasa con el abrazo de mi hijo), muchas veces no son las que pueden evidenciar un indicador.
Entre lo que para mí es importante, algunas cosas vale la pena medirlas y otras no. Soy humano, no robot.
¿Y a vos? ¿Qué medidas te importan?
PD: desarrollá tu marca personal con las medidas que te importan a vos: Modelo Pbe©.
PD2: el 21 de septiembre abro dos, por ahora sin espacios.
Fin.
Mariano.
