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Resuelven yendo de un extremo al otro.

Te cuento algo: el otro día, mientras recorría la distancia que separa el gimnasio de mi café favorito, escuché un diálogo entre dos albañiles que acomodaban un andamio. 

(De unas cosas sé algo, de otras sé muy poco y de la mayoría no sé absolutamente nada. Por eso, cuando me encuentro con estas oportunidades aprovecho para curiosear).

Intrigado, aflojé el paso para escuchar.

Mientras manipulaban el andamio lo notaron desbalanceado (como esas mesas generadoras de ira que no te permiten concentrarte). 

Pensando en la solución, los dos hablaron y lo hicieron al mismo tiempo. Pero uno dijo una cosa y el otro, otra. El primero dijo: —Pongamos unas maderitas. —El segundo: —Pongamos unos baldosones.

Lo primero que pensé fue: —¿Cómo puede haber tanta diferencia de criterio? 

Y no sé la respuesta, porque, como te dije arriba, de esto no sé nada.

Lo que sí sé es que me quedé pensando en que el criterio de los dos albañiles no es muy diferente al que aplican muchos profesionales, que aun ante algo crítico (como nivelar un andamio sobre el que van a realizar una obra) resuelven yendo de un extremo al otro.

Y tristemente, esto también se refleja en una empresa que sostiene a cientos de familias. O con un país que sostiene a 50 millones de personas.

PD: un espacio en el que buscamos más criterios y menos extremos: Círculos.

PD2: hay entrevista de admisión, la hago para asegurarme de que tengas afinidad con el resto de los miembros. Y criterio.

Fin.
Mariano.

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