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¿Cómo activamos nuestra Curiosidad? | #29

Sin preámbulo inicial voy escribir sobre la curiosidad. –¿Empezamos?

La etimología de la palabra curiosidad viene del latín «curiositas», significa «cualidad de curioso». Deriva de «cura» y se traduce como «cuidado» o «esmero». Es decir que el curioso es aquel que actúa con cuidado y esmero en lo que respecta al saber o conocer.

–«Curiosidad»… ¡Qué palabra! –Viene resonando en mí desde hace un buen tiempo. Lo más interesante y desafiante es mantener el «modo curiosidad» activado. Dejarse llevar y vincularse con la realidad que nos acontece lo más liberados que se pueda de etiquetas y prejuicios. –Con curiosidad voy a vincularme con este escrito, te invito a que hagas lo mismo–.

Ni bien empiezo a escribir y sin poder evitarlo aparecen las preguntas –¿Podemos activar nuestra curiosidad de modo consciente? –Suponiendo que así sea, ¿cómo activamos nuestra Curiosidad? En épocas dónde todo lo que nos rodea persigue su propia agenda para llamar nuestra atención, el contenido profundo e inspirador se mezcla en igualdad de condiciones con el artificial de menor calidad.

Las plataformas mutan y crean filtros cada vez más rigurosos para separar «lo bueno» de «lo malo»; sin embargo, nuestro cerebro es vago y fácilmente manipulable. Cae en la trampa –Por eso pasamos horas mirando reels, series o películas sin siquiera darnos cuenta del tiempo que ha pasado–. Para permitirnos atravesar por lo «distinto» y que nuestra curiosidad se despierte, tenemos irremediablemente que «romper con los automatismos». Salir, al menos un poco, de la rutina de siempre, ¿sí? –Reemplacé el «¿no?» por el «sí» para «salir de lo habitual» y así dejar fluir más mí curiosidad–.

En línea con el «escaparle al automatismo» y «salir de lo habitual», hay un concepto vinculado e interesante que es el término «flâneur», procede del francés y significa «paseante» o «callejero». El flâneur es aquella persona que camina por la ciudad sin un rumbo determinado, dejándose llevar por situaciones que se hacen presentes en un recorrido sin objetivo concreto. –¿Qué opinás? ¿Hay algo más curioso que un flâneur?

Salir a caminar sin objetivo específico parece ser una buena forma de despertar nuestra curiosidad y dejarse llevar por la «aventura en un día cualquiera». –¡Ya se! Es cierto, inmersos en cientos de responsabilidades de la vida cotidiana ésto pareciera ser extremadamente difícil o por lo menos desafiante. Quizá con un poco de ganas y organización, puede que todos podamos hacernos de una o dos horas a la semana para simplemente callejear y dejarnos llevar hacia donde la curiosidad nos lleve, ¿sí? –¡je!–.

Bueno en realidad el desafío es «hacer en el mundo analógico» lo que hacemos con nuestras identidades digitales muy bien. ¡Seamos realistas! A la hora de dejarnos llevar por la sugerencia y la recomendación del algoritmo de una plataforma –publicaciones de amigos y no tan amigos, publicidades, noticias–, pareciera que no tenemos problema ¡Somos súper curiosos! Pero para desafiarnos a cultivar nuestra curiosidad, ¿Qué pasa si nos dejamos llevar, en nuestra vida analógica, por los acontecimientos de un día cualquiera? ¡Apa! Eso sí da un poquito de miedo…

–Sigamos reflexionando –¿De qué otra forma podríamos fortalecer nuestra curiosidad? –Lo que está lleno, no tiene espacio. Debe ser vaciado. Cuando tenemos las respuestas y vivimos sin dudar, no tenemos lugar para cuestionamientos. Donde no hay dudas muy difícilmente exista la curiosidad. Por ese motivo la palabra curiosidad deriva de esmero. Cuestionarse, ponerse a prueba y hacerse preguntas exige a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Un castillo de naipes ante el más mínimo viento podría venirse abajo. Para ser curioso se requiere de ganas y valentía.

Así somos, las personas oscilamos entre una pseudo absurda seguridad de saberlo todo junto con la inocencia de no saber nada. –¡Es verdad! Al tener «muchas responsabilidades», personas a cargo, trabajos, hábitos y rutinas exigentes. Es lógico, cuesta más soltar y ponerse el disfraz de flâneur. –Pero, me pregunto si habrá un justo y dinámico equilibrio –Me invade el «justo medio» de mí querido y admirado filósofo Aristóteles–.

El desafío es reservarse un espacio, en últimas cuentas, es probable que no podamos callejear de forma constante pero tampoco, en el extremo opuesto, parece ser una buena idea vivir cerrados y distanciados a la experiencia de ponernos en duda en el mundo analógico. La estabilidad y la quietud de un vaso lleno es opuesta a la propia naturaleza de ser humanos. Algunos períodos son más estables y otros más inestables. Ya sea que tengamos mayor o menor grado de conciencia, estamos hechos y somos fruto de un equilibrio dinámico. Un juego, entre el movimiento, la oscilación y la estabilidad. –Para recordar, «lo que no te mata, te hace más fuerte».

–Te pregunto para no perder la costumbre, también por curioso –¿Te permitís dejarte llevar por la curiosidad? ¿En algún área en particular? ¿Todas? ¿Ninguna?

Dejarse llevar, como el flâneur, podría marcar la diferencia entre disfrutar de la vida y no hacerlo. Podría ser el origen de nuevos horizontes, dar cuenta hacia nuevas y creativas formas. La curiosidad nos permite explorar una realidad más compleja, viva y humana. ¡Nuestra especie, nos guste o no, es curiosa por naturaleza!

Fin.

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