Volver

¿Es mejor que mal acompañado? | #87

Antes te tenía miedo.

Por alguna razón. La simple idea de estar con vos me volvía loco. 

A ver. A la fuerza, compartimos un espacio. Y se sintió súper raro. Incómodo.

Por un lado. Sos atractiva. Y lo sabés. Por otro. Generás rechazo. Y también lo sabés.

En cierta forma, el típico doble juego que tienen las cosas que nos llaman la atención. 

Esa extraña combinación entre generar curiosidad y miedo. —Lo prohibido.

Bueno. El tema es así, no siempre verte fue igual. Pensando. Se me vienen mil recuerdos.

Al principio, cuando apenas nos conocimos. Para mí fue caótico. Abrumador.

Ni siquiera tenía interés en profundizar. En ese momento prefería cualquier vínculo antes que el nuestro. Lo poco que tenías de tentador, se perdió con tu intensidad. —Desgastante. Me caíste mal. Muy mal. 

Que decirte. Vos sabés. No sos fácil.

Empezar a conocerte fue uno de los desafíos más grandes que tuve. 

Es más. De hecho, me acuerdo un día. Uno en particular. 

Era chico y con pocas herramientas, recién empezaba. —Me desbordaste. 

¿Sabés por qué me acuerdo? Porque después de ese día juntos, empecé terapia –la primera de muchas–. Me costó bastante volver a tener contacto con vos. Y confiar ni que hablar. Después de eso que vivimos pensarte me daba miedo.

Hoy. Bueno. Hoy es distinto. 

Es lógico que nuestro vínculo haya evolucionado. Yo crecí, vos también. Pero no es sólo por eso. 

Hay más. Siempre hay más.

De hecho, en algún momento encontré lo necesario. Decidí darte una oportunidad real. Eso fue el inició de lo que tenemos hoy.

Bueno. Sí, ya sé. 

Antes, tuve que poner mis cosas en orden. Distracciones. Tentaciones. Ruido. —Fuera. 

Me dije: —¡No! Esta vez me voy a esforzar. Quiero ver que hay del otro lado. 

Así empezamos a coquetear. Cada vez más seguido. Y con más intensidad. Los dos, vos y yo. Nos permitimos pasar tiempo juntos. El uno con el otro. Juntos.

No puedo negarlo. Los primeros días fueron difíciles. Quise volver a lo de siempre. Hacer lo mismo que hice tantas veces. Escapar. Evitarte. 

Pero lo decidí antes. A ver. No estoy para juegos. Será por la edad. U otra cosa. No sé. Siento que ya escarbé lo suficiente como para saber que “lo de siempre”, no tiene nada para mí. 

Con vos… Con vos es distinto. Después de conocerte, se siente especial. Complejo, pero especial. 

Sí, ya sé. Es tentador salir corriendo. Casi todo a mi alrededor está preparado para alejarme. 

Pero, ¿sabés qué? —No quiero. 

En fin, sé que nuestra relación es compleja. Requiere trabajo. Además. No sé si siempre va a ser así. Siendo sincero, quizá en algún momento nos distanciamos. 

Perdón. Pero puede pasar. —En mi intimidad. Lo deseo. 

¡Pará! ¡Pará! ¡No te enojes! 

De lo que sí estoy seguro –a pesar de las idas y vueltas–, es que quiero prometerte algo. Y me hago cargo, sabés que mi palabra vale.

Está vez me comprometo con vos. Mirándote. —No voy a traicionarte. Ni a mentirte. Ni a dejarte por miedo. Te lo prometo. 

Si en algún momento lo nuestro se termina, no va a ser para escapar de vos. Va a ser por algo más grande.

Bueno. Ahora sí. 

Ahora que hicimos las pases. Y te dediqué este escrito. Quiero decirte gracias.

Gracias por la paciencia. Y por esperarme. Y por el silencio.

Gracias por la compañía soledad.

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

Volver