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Insolidarios. | #125

Esta semana tuve una conversación inspiradora con Aldo Franco, un excombatiente de Malvinas actualmente empresario que lidera un grupo de empresas y emplea a más de 1000 personas. 

La charla me dejó con una idea en mente… 

Los pequeños gestos son el termómetro del ánimo interno de una persona. Y la suma de los ánimos son el termómetro del ánimo de un grupo, una familia, una ciudad o una nación. 

Al pensar en esto, me pregunto si en nuestro país la solidaridad se está degradando.

Semanalmente recorro varios puntos de la ciudad (y alrededores). Afuera me gusta observar el comportamiento y mirar esos pequeños gestos. 

Me llama la atención cómo antes dedicábamos más tiempo para saludar y decir: “buen día”, “buenas tardes” y “buenas noches” o al menos asentíamos con un gesto. Ahora, lo hacemos menos, porque siempre corremos para llegar a quién sabe dónde.

En posiciones de servicio, interpretamos nuestro trabajo como una carga. Atendemos a desgano e incluso aprovechamos la ocasión para descargar nuestro malestar con quien permite que nuestro rol exista.

Sostener una puerta o ceder el paso oscila entre un acto de generosidad y una señal de guerra. Y mirar a los ojos “demasiado” podría ser entendido como una provocación de pelea o una posible declaración de amor. Pero todo esto sucede en la imaginación. Es mejor pensarlo que preguntar. ¡Ah! Y eso sí. Si alguien se te acerca, es porque quiere algo.

Perdimos el sentido de ubicación, nos cuesta adaptarnos al rol que nos convoca.

Y creemos que todo a nuestro alrededor tiene que adaptarse según nuestras necesidades (como si de un algoritmo se tratara). Le faltamos el respeto a la autoridad, pero si algo nos pasa, esperamos su ayuda y contención.

Los emprendedores y empresarios hablamos horas y horas sobre rentabilidad. Indicadores para esto y para aquello. Pero poco hablamos sobre el bienestar humano. La política pasa más tiempo pensando en cómo perpetuarse en el poder, que en el bienestar civil. 

Sabés qué, estoy incómodo. Solo pensarlo me interpela. Pienso en las veces que tengo gestos poco solidarios con los otros. Y me hace sentir mal pero también me ayuda a tomar conciencia.

Me pregunto: —¿Cómo sería nuestro país si recuperamos la solidaridad?

Qué pasaría si en lugar de miedo, desconfianza y discriminación (por género, raza, prejuicio o la superficialidad que sea) damos el ejemplo y trabajamos intensamente en nuestro metro cuadrado.

Desde decir “buen día” con una sonrisa, hasta recuperar las ganas y hacer lo mejor que puedas en lo que sea hagas. Dejar de conformarse con algo menos que bueno.

Y no importa si sos político, trabajás liderando una empresa con miles de empleados o atendés un café. El mundo necesita de todos. Tampoco importa si estás solo o acompañado de familia y amigos. 

Porque todos tenemos un metro cuadrado. No necesitás mirar para otro lado.

¿Qué pasa si hacés un poquito más y sos más solidario con el otro? ¿Podría cambiar el ánimo social un pequeño esfuerzo individual pero colectivo a la vez?

No tengo la respuesta. Pero sí sé cómo hace solo unos días nos sentimos al ser parte de algo más grande. Nuestra selección nos demostró que el ambiente puede ser otro cuando estamos conectados.

También… Recuerdo la emoción que me recorría el cuerpo cuando a las nueve de la noche salía a aplaudir a los médicos y a cada una de las personas que lo daban todo por nosotros.

Por eso me pregunto: ¿necesitamos un mundial, una pandemia o una guerra?

Quizá solo se trata de tomar conciencia. Es un poco absurdo no ser mejor, ¿lo pensaste? ¿Qué defendés cuando no sos solidario? 

No toda persona que tenés alrededor es una amenaza, está buscando lastimarte o interesada en sacarte algo. Quizá sea una persona como vos, que necesita una mano o quiere ser parte de algo más grande. 

En fin. Ahora no puedo dejar de pensarlo: —¿Qué efecto podría tener en nuestras vidas que todos tengamos un pequeño gesto solidario?

Fin.
Mariano.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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