Las personas no dedican tiempo suficiente a verificar la información que consumen y divulgan. También pasaba ayer, pero hoy más.
Te digo algo: las fuentes con las que te informás son determinantes y marcan la diferencia.
Hace unos días participé en una conversación en la cual mi interlocutor estaba muy convencido de lo que planteaba. Me hablaba de un tema del que no tengo mucha información (sí desconocimiento). Pero habiendo estudiado durante años comunicación, escuché atentamente la forma en que se estructuraban el mensaje, los datos y los hechos. Y como si se tratase de un “sexto sentido”, me llamó la atención el entrelazamiento.
Con respeto, asumiendo mi ignorancia sobre el tema, le pregunté: —Disculpame, pero: ¿cuál es tu fuente?
Mi “sexto sentido” no se equivocaba. Evidentemente la persona había confiado ciegamente en la fuente sin verificar absolutamente nada.
Te dejo unas preguntas que podés hacerte antes de divulgar información: ¿Quién es la fuente? ¿Qué evidencia tiene? ¿Quién más lo confirma? ¿Cuál es el contexto? ¿Qué intereses tiene la fuente?
La velocidad con la que vivimos muchas veces no nos deja tiempo para investigar, verificar y comprobar. Si bien deberíamos hacerlo siempre, un requisito mínimo es preguntar: —¿Cuáles son tus fuentes? —De quién te informás es muy importante.
PD: una comunidad confiable: Círculos.
PD2: el sábado 15 de agosto a las 23:57 sube el precio.
Fin.
Mariano.
