Tengo una adivinanza: es un animal, tiene cuatro patas, ronronea y dice miau. —¿Qué es? —No, no es un perro disfrazado y actuando, es lo que parece: un gato.
A veces las personas se resisten a ver la realidad. Por más que todo a su alrededor les diga que un gato es un gato, llevan invertido tanto tiempo y energía en pensar lo contrario que no pueden permitirse aceptarlo. Prefieren decirse que es otra cosa en lugar de enfrentarse al dolor de darse cuenta.
—¿Qué es tener conciencia sino es un darte cuenta?
Te lo digo porque a lo largo de los últimos años complicamos tanto las cosas que estamos mareados y no queremos darnos cuenta de que muchas veces la respuesta más simple es la correcta. Y no necesitás horas de mentoría, consultoría o terapia, para confirmar lo que ya sabías desde el principio: si tiene cuatro patas, ronronea y dice miau, no le des más vueltas de las que tiene: es un gato.
Fui demasiado directo, te lo digo con palabras más lindas como haría un consultor de negocios: hay un principio filosófico y científico que dice que si tenés dos explicaciones para una misma situación, la más simple suele ser la más probable. Se llama la navaja de Ockham.
Entonces, ¿querés simplificarte la vida y darte cuenta? —No te la compliques con buscar respuestas complejas a las adivinanzas, usá la navaja de Ockham.
PD: una comunidad sin complejidad innecesaria: Círculos.
Fin.
Mariano.
