Te cuento algo:
Semanas atrás un lunes a las 4 a.m., me despertaron unos ruidos extraños en el techo de mi habitación. Al miércoles siguiente, otra vez, pero alrededor de las 1:30 a.m. ¡Ah! Y se le sumaban otros sonidos extraños (al menos extraños para cuando estás dormido). La mañana siguiente salí al balcón y vi colillas de cigarrillo entre las plantas. Pocos días después, misma rutina. —No, no me están acechando ni queriendo robar. Vivo en un edificio. Se trata de mi nueva vecina noctámbula.
El ruido de sus tacos, la música a tope y las colillas de cigarrillos, se repitieron por lo menos tres veces por semana durante el último mes. Te digo más, si bien la administración es bastante clara con las reglas de convivencia, parece que a la nueva vecina no le importan.
Otra situación. Hace pocos días, refiriéndose a un caso de delincuencia menor, alguien me dijo: —Es por falta de educación. Queriendo señalar intencionalmente la brecha social.
Te lo cuento porque estos casos son el reflejo de los síntomas que tenemos socialmente.
En el caso de mi vecina, no se trata de educación, familia ni profesión. Es más profundo. El nivel de desconsideración y ensimismamiento es brutal. Está tan metida en sus asuntos que se olvida de que hay un “otro” y normas básicas de convivencia.
Y lo loco es que aún con avisos y recordatorios, parece no tomar conciencia. Pero eso sí, después, al recibir una multa se queda con la idea de que es algo personal (perosnal con varios vecinos del edificio y el personal de seguridad).
En fin, después de reflexionar sobre todo esto, pienso en mi metro cuadrado y me pregunto: —¿Estaré siendo descortés y desconsiderado con alguien más sin darme cuenta?
PD: una comunidad con personas que intentamos ser mejores: Círculos.
Fin.
Mariano.
