Perder algo es dejar de tenerlo.
Y las cosas que uno deja de tener, más temprano que tarde, se sienten.
Pensé que quizá era mejor no hacerlo, pero decidí que sí, este espacio que empezó el 20 de marzo de 2024 y en el que cada semana publico de forma ininterrumpida me sirve como medio de expresión y una forma de agregar valor, pero también como refugio para transitar momentos buenos y no tan buenos. Hoy, lamentablemente, me toca transitar un momento de estos últimos.
Transito una gran pérdida: la pérdida de mi padre.
Probablemente con el tiempo vaya creciendo el impacto. A veces nos pasa, como en este caso, que no dimensionamos ni tenemos tiempo para parar a pensar. Pero sé que va a llegar el momento en que tenga que hacerlo, porque las cosas importantes siempre encuentran un espacio para hacerse notar. Llegan de manera inesperada, son raras porque tienen un efecto que se mueve entre la nostalgia propia del recordar, la impotencia de haber perdido y la alegría por haberlo vivido. De alguna manera, cuando estamos solos, nos hacen reír y también llorar.
Este escrito es distinto y sale como tiene que salir, como puedo. No me exijo demasiado porque lo que me toca perder hoy es grande. Mientras escribo proceso, me sostengo e intento sostener a quien más lo necesita.
Llegan señales y mensajes de personas cercanas y no tan cercanas. Me suenan extraños, seguramente los entienda con el paso del tiempo. Un amigo me dijo: —Permitite hacer tu duelo, la orfandad se siente.
No entiendo bien qué quiere decir, pero intuyo que es un mensaje importante que todavía no puedo ni llego a entender cómo procesar.
Las imágenes y los recuerdos que, como la vida misma, tienen cosas lindas y cosas que no tanto. Me los reservo para visitarlos en privado. Como escribí arriba, sé que encontrarán su espacio. Hoy solo puedo decir que él vivió y murió en su ley, haciendo lo mejor que pudo y en cierta forma atrapado en el medio de un “quiero y no puedo”.
Hoy, en este momento, me toca verlo y hacerlo así. De esta forma, haciendo lo que hago, lo que me gusta hacer y me hace sentir mejor. Escribo en este espacio y pongo en palabras lo que me sale. Es muy probable que en un tiempo vuelva a leer esto y lo recuerde como el día en el que perdí a mi padre.
Sin mucho más para agregar, cierro esta edición de Reflexiones, la 130. La que, como acabo de decir, volveré a visitar. La contemplaré como el momento que inicié la despedida de una figura importantísima, que me dio mucho y sobre todo… me dio la vida.
Fin.
Mariano.
