No sé si lo notaste, pero mis últimos correos son más emocionales que de costumbre.
Te cuento:
Podría dibujarlo, pero creo que lo que uno siente y piensa, independientemente de que lo diga o no, se transmite. Mi tono más emocional tiene que ver con que, lamentablemente, transité (y transito) la pérdida de mi padre.
También sé que podría haber dejado pasar unos días para volver a escribir, pero no lo hice. Decidí hacerlo porque la escritura, más allá de querer agregar valor, es mi lugar seguro y mi refugio. Siempre que pueda lo voy a hacer.
Algunos se preguntarán: —¿Por qué lo hacés público? —Primero, por lo que te dije arriba: lo vas a sentir directa o indirectamente, prefiero poner contexto. Segundo, porque para mí publicar es reparador. Y más allá de que sé que no es necesario andar con la bata abierta (tengo reflexiones que me las reservo para mí y mi entorno privado), me siento mejor escribiendo que no haciéndolo.
Está claro que este caso es más doloroso, perder a un padre es muy duro (y nunca se desea). Pero cuando decidí hacer lo que hago (escribir un mail diario) sabía que iban a pasar muchísimas cosas. En resumen, mi sentido de propósito sigue vigente y mi viejo estuvo orgulloso de mí por eso.
Si estás preguntando si voy a usar este espacio de catarsis para hacer el duelo, la respuesta es no. Va a seguir siendo un espacio con ideas, pensamientos y reflexiones sobre desarrollo humano, marca personal y mentalidad de crecimiento.
Poner en palabras es parte de desarrollarse humanamente, ¿no?
PD: sigo con este ritual de correos diarios porque llegó para quedarse indefinidamente.
PD2: en mi newsletter semanal escribí sobre el desconcierto de cómo me siento: Mi pérdida #130 – Reflexiones.
Fin.
Mariano.
