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Derribar los muros. | #14

Luego de un encuentro entre colegas, llegó a mí un concepto que probablemente ya había escuchado, pero no le había prestado la suficiente atención. El concepto es el de «La cuarta pared», tiene su origen en el teatro del siglo XVIII, pero también se ha utilizado para el cine y la televisión –películas y series–, videojuegos y obras literarias.

Éste concepto refiere la barrera imaginaria que separa a la audiencia de los actores; permitiéndoles a éstos últimos, interactuar entre sí sin involucrar directamente a los espectadores en la obra. La cuarta pared permite crear un mundo que establece cierta distancia del espectador —Pienso y te cuento. Cuando escribo, suelo «romper» la cuarta pared o «muro», porque mí estilo es hablarte a vos, lo hago directamente, sin crear un mundo separado del tuyo.

–Continúo–

En la actualidad, podríamos decir que además de derribar la cuarta pared, hacemos lo propio con la tercera, la segunda y la primera; «muros» que en otras épocas eran sólidos y permanecían inmutables. Hoy por hoy parecieran haber desaparecido –no digo que sea así pero es lo que a mí me parece–. Incluso, derribamos «pisos y techos» ponemos en cuestionamiento los cimientos y «viajamos» hasta lugares, antes, impensados.

–¡Eso sí! En el trayecto, pagamos un precio, dejamos nuestra privacidad desprovista de ocultamiento. La «distancia» entre creadores –antes separados y en el centro de la escena– y su audiencia –hoy participativa e interactiva–, es «mínima o ya no existe».

Las plataformas han reducido y transparentado ésta distancia a tal punto, que en algunos casos, el creador y su audiencia trabajan codo a codo «co-creando la obra». El público es participante, las personas somos simultáneamente audiencias, usuarios, seguidores, consumidores, e incluso protagonistas y creadores. Ejercemos un rol activo dentro en una «comunidad interactiva». Cuando no lo hacemos en vivo lo hacemos más tarde, dado que todo «show» tiene: «previa, durante y después». Cada ocasión es una oportunidad para interactuar con el contenido y con sus creadores. La interacción, a veces directa y otras veces mediada por algoritmos, ocupa el centro de la escena. No sólo interactuamos con los creadores, sino que también lo hacemos entre espectadores y en algunos casos conformamos una comunidad con valores e intereses compartidos.

Los puntos de contacto son amplios y variados –lo que hace siglos se limitaba al cara a cara, señales de humo, cartas con palomas mensajeras, telefonía fija, radio o televisión–. En las últimas décadas gracias a la tecnología se han multiplicado.

La mayoría de las personas –Según We Are Social, más del 65% de la población global cuenta con acceso a internet y más del 60% tienen acceso a redes sociales–, tiene la oportunidad de establecer múltiples puntos de contacto y, si bien, algunas aplicaciones lideran, en la «modernidad líquida», todo pasa muy rápido.

–Pienso –«Cuando los muros no se rompe en vivo, se rompen en la previa o después».

Creadores, actores, audiencias y plataformas y contenidos, multiplican las posibilidades de interacción –Reflexiono y me pregunto –Cuando las paredes se vuelven imaginarias: ¿La intimidad desaparece? En cierta forma, lo que no se sabe hoy se sabrá mañana, ¿no? ¿La intimidad y el secreto son cosa del pasado?

–Sigo pensando y aparecen más preguntas –¿No es el smartphone una prolongación de nuestro propio cuerpo? Al aceptar un sin fin de bases y condiciones –¿Leyendo lo que aceptamos?– ¿Aprobamos la vigilancia perpetua? ¿Nuestro «órgano externo» –el smartphone– se ha convertido en un «espía invitado» a nuestra intimidad?

–Reflexiono y concluyo –¿Sabe más de nosotros que nosotros mismos? –puntos ciegos, zonas ignoradas…– ¿Nuestra propia naturaleza está preparada para vivir en un «escenario» en el que los «muros, pisos y techos» han sido «derribados»?

Para quedarse reflexionando…

Fin.

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