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¿La felicidad está muerta? | #15

Inspirado en el razonamiento de Nietzsche de finales del siglo XIX, cuándo escribió su célebre frase: «Dios ha muerto» –la podés encontrar en el libro «La Gaya Ciencia», está en el aforismo 125 denominado «El Hombre loco»–.

Nietzsche, por aquel entonces, hizo referencia a que los valores humanos habían abandonado la búsqueda de la divinidad. Las personas desplazaron a Dios, para dedicar su vida a la búsqueda de los valores propios. La frase tenía un contexto y no se refería a la existencia o no de un Dios. Sino, más bien, a un cambio de época y un cambio de paradigma.

–Recordando a Nietzsche y numerosas conversaciones y reflexiones, comencé a pensar en una idea… Aunque… Es un poco tenebroso explorarla sólo –¿Me acompañas?

Siento y pienso. No digo que sea así pero es lo que siento y pienso, existen ciertas ideas de nuestra época que están próximas a una desaparición. Por este motivo me surgió un interrogante particular y aunque no tengo certezas, me gustaría explorar: «¿La felicidad está muerta?»

A la hora de pensar en la «felicidad» existen antecedentes, en la antigua Grecia también se la buscaba. Aunque a diferencia de la época actual, se usaba un camino un tanto diferente: «la virtud». La búsqueda de la felicidad de nuestra época –más ligada al placer– es un comportamiento muy característico del hombre del siglo XX y comienzos del XXI. Durante varias décadas, de la mano de la psicología y otras ciencias sociales, cobraron fuerza creencias cómo: «Pensar positivo», «Confianza en uno mismo», «Sí, se puede», «Hace lo que disfrutes»… Llevamos años en la búsqueda optimista de la felicidad y siguiendo recetas que prometen, y dan superficialmente, «garantía» de resultado.

–Me pregunto –¿Qué pasa cuando recorriste o viviste lo suficiente para comprobarlo? –Cuando «llegás» y cumplís con la tarea, la receta –o el mandato–, pareciera que tomas consciencia. No existe tal cosa como: «estado de felicidad permanente» o «vida feliz».

La complejidad y velocidad propia del mundo que nos acontece, ha hecho que algunos de estos ideales de la «teoría positivista» estén cada vez más cuestionados. Empezamos a sentirlo. Es una «sensación» –voy a intentar describirla conceptualmente, aunque no sé si lo voy a lograr –Imagina que estás viendo un perro delante tuyo. Imagínalo como quieras, de cualquier tamaño, color, pelaje y pose…

Lo único importante es que ¡Es un perro! –¿Lo ves? –Sí, tiene cuatro patas, hocico, ojos y ladra… –Bueno, ahora imagina que te rodean 4 personas de tu confianza: familia, amigos, compañeros… –Te miran con atención y uno de ellos te pregunta –¿Qué estás mirando? –Levantas tu ceño algo sorprendida –o sorprendido–, señalas al perro y respondes sarcásticamente –¡El perro! –Los 4, te miran con incredulidad y otro de ellos, te pregunta –¿Te sentís bien? ¿Qué perro? –Bueno, imagina lo que sigue –Un diálogo tipo ping-pong que te conduce a un principio de demencia –Lo importante, con lo que quiero que te quedes es con esa «sensación»…

En mí opinión, es esa la sensación con la que convivimos diariamente. A la hora de pensar en la felicidad, nos damos cuenta que es inconstante a lo largo del tiempo. Pero, por otro lado te dicen: «Tenés que hacer tal o cual cosa…», «Hay que ser feliz» –Te das cuenta que algo anda mal y lo pensás –Es extenuante ser feliz todo el tiempo –¡Como ver un perro que los demás no ven!

–Pienso y profundizo –Enfermedades como la ansiedad, pánico y depresión comienzan a ser normalizadas –Según la OMS, en Argentina 1 de cada 3 personas presenta un problema de salud mental a partir de los 20 años–.

Nuestras sociedades son opulentas en algunos aspectos, pero nos abruma cierto silencio y vacío que comienza a ser estruendoso. Demasiadas «conversaciones» son las que «no se tienen» y, al mismo tiempo, «no se pueden seguir no teniendo». Personas, como vos y como yo, buscamos recuperar la curiosidad y alegría de la niñez. En general, en lugares equivocados –Comemos, bebemos y «disfrutamos» hasta embriagarnos del placer. Sobrepasamos las necesidades de nuestro cuerpo y naturaleza –Pienso y me pregunto –¿Es garantía completa de desequilibrio físico y emocional? –Nos preparamos durante horas, días e incluso semanas para «eventos especiales» que «nunca» suelen ser lo suficientemente «especiales», necesitamos más. Por eso rápidamente programamos el evento siguiente –Incluso en el mismo evento se habla de uno posterior –Pienso y reflexiono –Cuando uno busca en el lugar equivocado, la cantidad no hace la diferencia, ¿O sí?

Cuando me pregunto: «¿La felicidad está muerta?» Pienso en la muerte de un paradigma, de una corriente de pensamiento que se está derrumbando por su propio peso. Estamos descubriendo, a la fuerza, que no existe tal cosa como «Vivir sumergido en la felicidad»… Nuestro propio organismo se embriaga y se aburre. Aquello que por momentos nos genera entretenimiento, dicha y alegría, en exceso nos hace «daño»… –Pienso –Más aún, sí se trata de «placeres superficiales»… –Me pregunto –¿Buscamos profundidad en los lugares equivocados?

–Hace pocos días fuimos al cine a ver una película muy conocida de Disney Pixar: «Intensamente 2». –La película –sin spoiler–, representa parte de la complejidad emocional de nuestra especie, tiene ciertos mensajes que nos desafían a pensar en la variopinta «paleta emocional» ¡Claro! Después, parece obvio e intuitivo, no se puede vivir en la felicidad permanentemente y… ¡Sí! Si todavía no te diste cuenta «hacer más de lo mismo» no te garantiza qué la intensidad positiva prevalezca. Cada vez necesitas más para sentir lo mismo y más de lo mismo, te lleva a extasiarte hasta reventar.

–Además de pensar en reventarnos. Antes de cerrar, comparto unos datos que me resultaron, por lo menos, llamativos.

En la mayoría de los países del mundo la tasa de natalidad ha decrecido, crece el distanciamiento entre los seres humanos y aumenta el individualismo –Me pregunto –¿Se trata de tendencias específicas? ¡No! El individualismo, va en aumento y afecta al mundo entero. Incluso, afecta la sexualidad. En Japón por ejemplo –según el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Población y Seguridad Social–, el 40% de los hombres y mujeres de entre 18 y 34 años, son vírgenes ¿Ésto implica que el deseo desapareció?

¡No! El «placer» se busca de otras formas –Videojuegos, Jueguetes, Pornografía, Sexo telefónico o virtual, IA, etc. –No pude evitar preguntarme –¿Es un fenómeno exclusivo de Japón? –La respuesta es: ¡No! –Al investigarlo, más allá de las particularidades propias del país asiático, la llamativa estadística se hace presente en EEUU, España, Finlandia y España –países que presentan investigaciones al respecto– ¿En argentina? Bueno, en nuestro país, no encontré investigaciones confiables, pero mí intuición –en base a numerosas conversaciones– me indica que el individualismo crece y la sexualidad… ¿Decrecerá?

–Para cerrar, me vuelvo a preguntar y te pregunto –«¿La felicidad está muerta?»

Fin.

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