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Redes Sociales Humanas. | #18

Hace un tiempo estoy reflexionando sobre la importancia de constituir «redes sociales». Llevo meses –quizá años– pensando y analizando cómo las mal llamadas «redes sociales» –plataformas de social media–, han distorsionado conceptualmente un aspecto esencialmente humano. Solemos confundir las redes sociales, es decir «relaciones humanas», con las relaciones que tenemos a través de «plataformas». Éstas aplicaciones, median nuestros vínculos, pero lo hacen a través de algoritmos.

–Reflexiono y pienso –Me interesa abordar cómo nos relacionamos los unos y los otros, y también la intermediación qué los algoritmos tienen en prácticamente «todos» nuestros vínculos. 

–Continúo la reflexión y me pregunto –Si tuviese que hacer un repaso de los tipos de vínculos que mantengo ¿Cuáles serían?

–Bueno, hay vínculos que se gestan exclusivamente mediados por algoritmos. No crecen y ahí se quedan. Es decir, se mantienen en un entorno virtual –¿Son éstas «relaciones algorítmicas»? –También, hay vínculos que se gestan mediante algoritmos y, más tarde –o en simultáneo–, se profundizan en el ámbito personal, cara a cara. Asimismo hay otro tipo relaciones qué se gestan en el mundo físico –de persona a persona–. Luego, van madurando o no con la intermediación de los algoritmos y podemos volver o no, a re-vincularnos en el ámbito personal.

Además, hay otros vínculos que son un tanto «imaginarios», ya sea porque se dan entre personas y máquinas –por ejemplo mí vínculo con Siri… «Oye Siri…»–. O aquellos que no existen o existen sólo para una de las partes –en el imaginario individual–. Pienso, al igual yo, alguna vez habrás ideado en tu imaginación un vínculo con un celebrity o deportista de elite. Con la esperanza de conocerlo personalmente en algún momento –¡Ojo! No lo descarto. Hay excepciones, a veces los deseos se hacen realidad–.

–Sigo reflexionando un poco más –Existen incluso vínculos que creamos representándonos ideas genéricas que agrupan colectivos de cientos, miles o quizá millones de personas. Me explico, a veces decimos: «Los argentinos…» tal o cuál cosa. Pareciera que estamos representando un entramado de vínculos humanos, ligados por una geografía –política, religión, intereses, gustos…–, que nos aúnan y nos vuelven iguales los unos a los otros, ¿no? Decimos cosas como: «Nosotros los occidentales, somos…», «Nosotros los hombres…», «Nosotros los hinchas de Boca…».

–Bueno, no es la idea de este escrito puntualizar o cuestionar éstas ideas, frases o agrupaciones psicológicas o simbólicas que realizamos las personas. Retomo y continúo reflexionando sobre las redes sociales.

Considerando que nuestros vínculos están mediados por algoritmos me pregunto y te pregunto –¿Dónde debería estar el foco de nuestra atención? ¿Debemos observar el algoritmo y educarnos para volvernos más expertos en la comunicación a través de él? O… Quizá… ¿Deberíamos trabajar y pensar en cómo hacemos para fortalecer nuestros «vínculos humanos» –redes sociales–? –Parece una obviedad la respuesta al cuestionamiento, ¿no? –Pero… ¿Realmente lo es?

La publicación anterior, escribí sobre «La comunidad de la desconfianza» –Te dejo el link acá–. Entre otras ideas, esbocé cómo las personas nos hemos estado distanciando, como aumentan los niveles de individualismo y como nuestra especie comienza a estar, por lo menos, en un estado de «amenaza» superior –Tenemos a nivel global tasas de natalidad en decrecimiento junto con bajas en los niveles de sexualidad–.

Bajo el concepto de «Redes Sociales», plataformas de social media y relaciones mediadas por algoritmos, se han apropiado de un termino que viene desde muy atrás. Imagínate que ésta conceptualización data del 1930. Pensar que algunos de nosotros, creemos o creíamos, que las redes sociales llegaron de la mano de Twitter, Facebook y las generaciones subsiguientes –LinkedIn, Instagram, TikTok, etc.–.

Pareciera, no digo que sea así sólo que pareciera, que estamos más preocupados por entender a los algoritmos que por entender a las personas. Nos preocupa más afianzar «vínculos algorítmicos», opinar sobre todo, sumar likes y seguidores, que crear y fomentar vínculos humanos, es decir redes sociales. –Pienso y te pregunto –¿Alguna vez pensaste qué más allá de la importancia del vínculo todos los seguidores y likes están igualados a 1? Sea amigo, familia o un un bot… Ceros y unos…

Soy realista –un poco «tecno-cenizo» quizá, pero realista–, con ésta reflexión no propongo que dejemos la tecnología, abandonemos las plataformas o los medios de comunicación que tanto nos facilitan varias de las dinámicas de nuestra vida actual. Sí, propongo que levantemos la guardia, pongamos más atención en la construcción de «redes sociales humanas» y edifiquemos «redes de confianza». Unas vez consolidadas éstas redes de confianza, aprovechemos las «ventajas de las plataformas» para mantener, fomentar y profundizar nuestros vínculos, pero no a la inversa.

¡Ojo! No es un idealismo «happy flower», cuando hablo de confianza hablo también de «conciencia» y de «prudencia». Existe un «justo medio» o, al menos, un punto saludable de mayor equilibrio. Equilibrio entre «confiar» y «no confiar» en las plataformas. La desconfianza también es importante y cumple una función. Responde a nuestro instinto de cuidado y supervivencia, la desconfianza ante lo desconocido o peligroso, activa toda una serie de mecanismos que nos permiten protegernos y proteger a los nuestros.

Ahora… –Sigo pensando, cercano a la conclusión de éste escrito, me pregunto y te pregunto –¿Las personas tienen una tendencia marcada hacia la monstruosidad?

–Bueno, cada uno de nosotros deberá reflexionar y responder en base a su ecosistema. La respuesta sobre cuánto confiar o desconfiar de personas, plataformas y entorno –mediato e inmediato– tiene algo subjetivo. Sólo te invito a pensarlo un poco.

–Vuelvo a mí, pienso –En épocas dónde el contenido es el rey, existen grandes series como Dexter, Breaking Bad, Game of Thrones, El juego del calamar, You y tantas otras… –Además, medios en crisis, burbujas, cámaras de eco, desinformación…

–Pienso –Recordar y recordarme la importancia de construir y vivenciar redes sociales humanas basadas en confianza. Ver personas humanas, reales y complejas, en oposición a la apropiación de ideas que llegan a mí por asociaciones y contenidos provistos por plataformas y algoritmos ¿Será motivo suficiente para bajar la guardia y re-vincularnos humanamente?

–No tengo respuesta, lo sigo pensando… 

Fin.

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