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La búsqueda de la felicidad. | #19

Hoy me voy a tomar nuevamente una licencia. Voy a escribir una breve historia, para algunos podría ser denominada cuento y para otros no. Honestamente, no se cómo llamarlo. Es un subproducto que resulta de mí proceso creativo que es desordenado en algunos aspectos y ordenado en otros. En fin, un escrito.

–¿Empezamos?

Catalina, tiene 35 años y es soltera. Recientemente, hace dos meses, terminó de forma definitiva –o al menos es lo que quiere creer–, una relación de 3 años con Manuel.

Cata –como insiste que la llamen–, vive en Capital y trabaja en la sede local de un laboratorio internacional. Ocupa un mando medio en el departamento de Marketing. No es el puesto que ambiciona, pero en líneas generales está conforme con la compañía, sus compañeros, los beneficios y el sueldo. Además, sabe que encabeza una lista de candidatos para un puesto de manager regional. Se definirá en los próximos meses. Aunque no es seguro –circula informalmente– que ella será la persona elegida para la nueva posición.

Cata, es metódica tanto en lo personal como en lo profesional. Recientemente reforzó su formación académica en administración con un posgrado en marketing, lo hizo previendo el ascenso. Cata, tiene su vida ordenada. Está bien consigo misma y siente que tiene el control. Si bien la ruptura con Manuel fué movilizante, necesitaba que la relación terminé. –Había estado enamorada –en cierta forma lo seguía estando– cuando estaba con él, tenía la extraña sensación de que el tiempo se detenía y quedaba anclada en una burbuja. Pero, sin querer estarlo. –¡No hay proyecto! –Solía decirse en su interior. –Él no quería formar una familia o, al menos, aparentaba no quererlo al declarar lo que declaraba cuando Cata lo presionaba.

–Se escucha el ruido de la puerta. Mientras Cata bebe un sorbo de café. Mateo ingresa en la sala de descanso del piso 7. –¡A vos te estaba buscando! –Dice Mateo en un tono excitado. –Cata, saborea el gusto amargo del café que queda en su paladar. Respira y responde –¿Qué haces Mate? Contame ¿Qué pasó ahora? –Si bien son amigos, Mateo le produce una sensación un tanto extraña. Dicotómica.

Todo está bien, pero no puede entregarse y confiar en el plenamente. Algo no cierra. Siente que tiene que mantener la guardia alta. –Mateo, la mira, baja el ritmo y casi susurrando le dice –¡Acá no! ¿Nos juntamos a las 18:15 en el café de «siempre»? –Frena, titubea un poco –Ese, el de las mesas blancas, el que vende el café que te gusta –Cata es fanática del café. Le gusta el café intenso, en grano y preferentemente de Colombia. Lo toma sólo, espresso; sin azúcar ni edulcorantes. «Sin nada» –cómo suele pedirlo. –Cata lo mira, frunce el ceño, un tanto desconfiada. Piensa siempre es una buena ocasión para un rico café. Le responde –Dale. Pero no llegues tarde… ¡Porque me voy!

–Gira la pequeña taza sobre la mesa de un lado a otro. Observa como se mueve el espeso café. Cata mira la hora y ve que son las 18:20. No puede evitarlo, comienza a fastidiarse –Saca el celular de su morral. Revisa el chat. No hay novedades de Manuel –Se dice en voz baja –¡Qué pibe por favor! –Decide escribirle, para evitar sentirse todavía peor –¿Cuánto te falta? Me tengo que ir. –Escribiendo… –¡Yendo! –Como es de esperar «yendo» fueron 15 minutos más de espera –La cafetería que le gusta a Cata es pequeña. Ingresan sentadas 12 personas. Pedís y pagas en la caja, después te llevan tu pedido a la mesa.

También podés esperar el servicio en el mostrador –sobre todo cuando hay mucha gente y es para llevar. –Mateo, ingresa ruidosamente y dice en voz alta –¡Perdón! ¡Perdón! Acá estoy… –Llama la atención de todas las personas que están en el lugar. Registra quiénes las caras del lugar y se sienta del lado opuesto a la ventana. Le da mayor seguridad tener visibilidad de los movimientos en el lugar. Se acomoda, respira y dice –¡Sorry! Se me complico. Estaba viniendo y justo me crucé con Daniela. Viste qué… –Cata, respira. Presiona sus mandíbulas y mirándolo con fuerza. Lo interrumpe y le dice –Mate.

Tengo poco tiempo. –¡Ah! ¡ah! Sí, sorry. Bueno, es verdad. Vayamos al punto –Titubea un poco, respira y arranca –El tema es así ¿Te acordás de Fermín? El chico que trabaja en ventas. El que nos hizo pasar al VIP en el boliche de costanera –Cata piensa un poco. Recuerda la salida. Lo ubica y asiente con su cabeza –Bueno. Está en una re interesante. El flaco está haciendo fortuna. ¡Viste como vive, el cochazo que tiene! ¡Es un genio! –Sigue –Estuve conversando un montón con él. Como tenemos re buena onda me propuso que podemos participar de un negocio y hacer guita. Encima no tenemos que hacer «nada».

Un par de llamados y listo. –Cata, continúa escuchando a Mateo. Empieza a sentir cierta incomodidad. Algo que podría llamarse miedo pero es más bien una mezcla de ansiedad y miedo –Cata ¿Puedo ser más directo? –Continúa Mateo –Podemos ganar más de 10/15 mil dólares por unas horas de trabajo ¿Qué decís? ¿Entrás o no entrás? –Cata siente una mezcla de emociones. Ansiedad, miedo, tristeza, alegría…

Se agita un poco pero no lo transmite. Respira y responde –Mate ¡Para! Todavía no entiendo nada ¿Me podés contar un poco más de que se trata en lugar de hablarme de la plata? –Responde –No hay mucha vuelta Cata. Es simple. Fermín se dedica a vender cosas. Está haciendo unas operaciones con «gente de afuera». Pagan muy bien. Como él sólo no puede, necesita manos. Quiere armar un equipo y me preguntó por vos porque estás en el departamento de Marketing –Cata pone los ojos en blanco. Inhala aire profundamente –¡Ok! ¿Pero qué operaciones?

No entiendo nada ¿Qué vende? –Mateo la mira y comienza a inquietarse –Es algo de tecnología, un software que tiene IA o algo así –Hace una pausa, traga saliva y dice –Cata no le quiero dar muchas vueltas, ésto es una oportunidad para que te pagues esas vacaciones que estás posponiendo. Lo único que vas a tener que hacer es responder un par llamados, un par de mails, mensajes… Tengo otros amigos que no lo van a pensar ni un segundo. Te lo propongo porque te quiero… ¿Querés sumarte o no? –Ella empieza a sentirse más incómoda. Ahora siente culpa y tristeza –¿Me podés dar unos días para pensarlo? –Mate, la mira y suspira agobiado. Responde –Bueno, dale. Pero antes de que termine la semana. Sino le digo a Dani.

–Al salir de la clase de Yoga, Cata continúa acelerada. No puede dejar de pensar en la propuesta de Mateo. –Piensa a esas vacaciones que tiene pendientes… Se dice –¡Qué lindo! Japón y las islas del pacífico ¡Lo bien que me vendría! –La irrumpe nuevamente el miedo –Anda saber de que se trata ¿sí es algo raro?… ¿Lo necesito? El ascenso que se viene… –Respira y se susurra –Tranquila, tranquila… ¡Ya revisaste! Fermín parece ser normal. No hay nada raro ni en su perfil de LinkedIn, ni en Instagram ni en TikTok… ¡No tengo porque preocuparme! –Bueno… ¡No se sí tan normal! –Se dice –Anda siempre en los mejores lugares, paga todo en efectivo, gasta una fortuna, invita a gente. Cosas que con un sueldo no pagas… –Cata resopla, se dice –Soltar… Soltar… Respira. Continúa el resto de su día de forma habitual.

–Es tarde. Cata está acostada en la cama. Quería leer pero no puedo concentrarse, agarra el celular y empieza a mirar fotos de Japón, luego notificaciones en su perfil de Instagram… –Mira WhatsApp y tiene mensajes sin leer de Mateo –Sólo ver la notificación la pone ansiosa nuevamente; se le acelera el ritmo cardíaco y siente sus latidos. No quiere leer pero no puede evitarlo. Abre lo mensajes –Ve varios mensajes cortos –Hola Cata, ¿cómo va? –¿Cómo viene todo? –¿Pensaste? –Te banco hasta el viernes… –Se siente más ansiosa. No tiene ganas de responder, pero nuevamente no puede evitarlo –Mate, ¿cómo andas? Sí, si estoy en eso. El viernes charlamos. –Resopla. Bloquea el celular, apaga la luz y se propone dormir o al menos intentarlo…

–Miércoles por la tarde. Acaba de terminar una reunión con un cliente, una más de las tantas y habituales. Se siente un poco rara, mareada. Siente presión sobre sus párpados, tensión en el cuello y le cuesta concentrase. Se levanta de la silla para ir al baño –Se mira al espejo, se ve algo pálida y se acelera todavía más… Empieza preguntarse –¡Ay! ¿Qué me pasa? ¿Y si me pasa algo…? –Respira acelerada –Le cuesta concentrarse… –Recuerda lo que habló con su psicóloga… Parar. Respirar por la nariz, lento, más lento… Exhalar. –Empieza a relajarse y como por arte de magia, en la medida que todo se pone más lento, el malestar también disminuye.

–Viernes. Tan temprano que técnicamente podría considerarse jueves. Aún no amanece. Cata despierta acelerada y transpirando. No entiende bien que es lo que pasa, siente como todo su cuerpo se encuentra en alerta. En su cabeza sus pensamientos parecen fuegos artificiales. Aparecen y explotan… Unos se mezclan con otros. Aparecen, crecen, explotan y desaparecen… –Nuevamente como sucedió el miércoles por la tarde. Intenta tomar el control. Le es difícil lograrlo… –Japón… Plata… Fermín… Mateo… Se acurruca y llora. En la medida que sus lágrimas se deslizan sobre sus mejillas, Cata continúa respirando lo más lento que su cuerpo se lo permite. De a poco recupera el control de la situación y logra estabilizarse. Sabe que en unas horas se junta en el café para hablar con Mateo sobre la propuesta. 

–Son cerca de las 10 de la mañana. Cata, sentada en el lugar de siempre. Bebiendo su café de siempre. Mira por la ventana a la espera que llegue Mateo. A diferencia de otras veces, ésta ves siente que no quiere que llegue nunca… –Lo ve venir a lo lejos.

Como siempre viene apurado e inquieto. –Mateo irrumpe en el café y dice –¡Buen día! ¡Buen día! –Sonríe, pero lo hace con falsedad –¿Cómo estás amiga? ¿Qué tal estuviste estos días? –Cata recuerda todas las sensaciones que estuvo experimentando durante la última semana. Pero frena su pensamiento. Corta y respira para mantenerse tranquila –Bien Mate ¿Y vos? —Mateo, sonríe nuevamente y responde. —Re bien, un poco ansioso por el tema de Fermín. Pero con mucha expectativa por empezar. Che… ¿y? ¿Entrás? –Cata lo mira a los ojos y hace silencio. Inhala profundamente inflando su pecho, exhala lentamente… Vuelve a respirar… Hace silencio –No responde.

Cata no responde, porque no hay respuesta ¿Puede que la propuesta sea ilegal, inmoral o ninguna de ellas? ¿Puede su organismo anticipar algo cierto o errado? Lamento dejarte con una sensación incómoda, pero el ejercicio que pensé para ésta reflexión es el camino. 

Siento, pienso y creo, que la vida es un tanto incomoda. Una vida que crece, se desarrolla y expande, nos pone a prueba. Nos desafía.

–Pienso y me pregunto –¿Hay algunas maneras mejores de vivir la vida que otras? 

El «pensamiento posmoderno» probablemente indicará que todo es opinable y relativo a la persona y/o la circunstancia. Sin embargo, me cuesta alinearme a ésta forma de pensamiento –Reflexiono al respecto y viajo en el tiempo –En el siglo IV a.C. Aristóteles pensó de forma superlativa.

Su ética se centra en la búsqueda de la «eudaimonía» a través del «camino virtuoso». La eudaimonía suele traducirse como felicidad, pero etimológicamente significa «eu», bueno y «daimon», que se refiere a espíritu. Algo así como «la búsqueda del espíritu bueno». El camino virtuoso se alcanza a través de las «virtudes cardinales». Que son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Cada una de éstas virtudes se conecta con la otra y se retroalimentan entre sí.

La prudencia en términos sintéticos, guía el comportamiento y ayuda a discernir entre lo que es bueno y lo que es malo. La justicia, es la disposición de dar a cada uno lo que le corresponde, relacionada con la equidad y el respeto del otro. La fortaleza, se relaciona, por un lado con la valentía y por otro con la resistencia –resistirse a hacer el mal incluso en las peores circunstancias. Por último, la templanza, se asocia a la moderación en el deseo y el placer; evitar los excesos.

Además, una de las conceptualización que me parecen más interesantes en el pensamiento de Aristóteles, es la del «justo medio». Es dónde se encuentra la virtud, entre los extremos. Entre el exceso y el defecto el justo medio.

–Reflexiono. Para finalizar, me pregunto y te pregunto:

–¿La «búsqueda de la felicidad» en términos de la «eudaimonía» –espíritu bueno o virtuoso– tiene más «sentido y profundidad» que ligarla al placer en términos de tenencia, viajes o posesiones?

–¿Necesitaremos parar un poco y tomar «distancia» de gustos, placeres y gratificaciones para volver a «ver el bosque»? ¿Alcanzará una nueva perspectiva para hallar un nuevo y mejor equilibrio?

–¿Hay algo gratis? ¿O todo se paga en diferentes formas?  –¿Y Cata? Lo que no se paga en dinero se paga en estrés, ansiedad y, ligado a decisiones, quizá… ¿depresión?  

Lo pienso y lo sigo pensando. También te invito a pensarlo.

Fin.

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