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¿Un futuro desigual? | #22

Me propongo a escribir una reflexión que vengo postergando. Quiero reflexionar acerca de las desigualdades en lo que respecta al acceso, inclusión y propiedad tecnológica; y cómo hacia adelante es un desafío enorme para nuestra especie.

–Actualmente conviven en nuestro planeta seis generaciones. Según Strauss & Howe (1991) una generación, es una «cohorte de personas nacidas en un lapso de aproximadamente 20 años, que comparten creencias, actitudes, conductas, sentirse miembros de una misma generación y haber experimentado tendencias y eventos históricos significativos mientras se encontraban en la misma fase de la vida»–. Hoy, interactuamos en la tierra, la Generación Silenciosa –nacidos entre 1928 y 1945–, Baby Boomers –nacidos entre 1946 y 1964–, Generación X –nacidos entre 1965 y 1980–, Millennials ó Generación Y –nacidos entre 1981 y 1996–, Generación Z –nacidos entre 1997 y 2012– y la Generación Alfa –nacidos a partir de 2013–. Atravesados por la tecnología, cada una de éstas generaciones se encuentra, lógicamente, en un estadío diferente de la vida y, en consecuencia se relaciona con la tecnología de manera muy diferente.

Además, la pertenencia a una generación u otra, no es lo único que importa. Hay otro factores. El escritor William Gibson, conocido como el padre del cyberpunk, tiene una frase célebre que dice: «El futuro ya está aquí, sólo que está distribuido de manera desigual». Mientras que algunos acceden, utilizan y crean infinidad de tecnologías y modelos de negocio, otros quedan rezagados, ¿no? En éste preciso momento estamos creando futuro, pero ¿Somos todos quiénes lo creamos?

Hace no muchos días, mí hijo me dice –Papá, sabías qué en la película Intensamente 3… –Recientemente se estrenó la 2 y no hay información oficial al respecto. Le hago un gesto de asentimiento con la cabeza y continúa –… hay una nueva emoción –Le pregunto –Ah, ¿sí? ¿Cuál?  –La nueva emoción es «Amor» –Menciona con mucha seguridad –Le dije y pregunté –Mirá que interesante, ¿de dónde sacaste esa información? –Concluyó –¡En YouTube papi!

Pocos días después, conversábamos sobre un tema qué a decir verdad, no recuerdo. Sí recuerdo la esencia de la conversación, nuevamente comienza parecido –Papi, ¿sabías qué…? –Nuevamente, mi hijo de 7 años me proporcionó una información muy interesante pero un tanto dudosa o, por lo menos, es de dudosa procedencia. Al preguntarle quién o qué le había proporcionado esa información, nuevamente concluyó con un tono un tanto sarcástico –¡La asistente papi! –Haciendo referencia a «Siri». 

Otro día, inmerso en una conversación con amigos. Una amiga se jactaba de la simpleza con la cuál había encontrado una receta para cocinar la comida de su cena. Hacía referencia a la flamante innovación de Whatsapp «Meta IA» que le había proporcionado una receta con muchos detalles –Aunque, podía fallar y falló, no salió muy bien–.

Si bien, estos casos son anecdóticos, no puedo evitar abstraerme y reflexionar al respecto. En la actualidad, gran parte de las seis generaciones que conviven en el planeta acceden a a las plataformas de social media –según fuentes oficiales más del 60% de la población global tiene acceso a dichas redes. Éste porcentaje lógicamente, varía según de continente en continente. En países desarrollados está por encima del 80%–. De las personas que acceden, más del 80% consumen contenido y cerca del 30%, lo crean.

Considero que estamos afectados –algunos más otros menos– por los problemas humanos de siempre –incoherencia, mentiras, maldad, abuso de poder, violencia, guerras, hambre, etc.–. Ahora, además, intermediados por algoritmos e inteligencia artificial. Interactuamos los unos con los otros continuamente a través de plataformas qué median nuestra comunicación y, además, hacen presentes un sinfin de nuevas complejidades. No puedo evitar preguntarme: de seguir por este camino en no mucho tiempo. ¿Serán los mismos, quiénes crean y comercializan productos y servicios y quiénes darán las respuestas –recetas– a todas nuestras inquietudes?

Recapitulo y traigo la pregunta inicial –¿Somos todos quiénes creamos el futuro?

–Mí cabeza se acelera y aparecen más y nuevas preguntas –¿Estamos participando tan activamente como deberíamos en la vigilancia de los «desarrolladores de las reglas del futuro»? –O, mejor dicho ¿Del presente? ¿No es una responsabilidad demasiado grande destinar nuestro futuro y el de las generaciones venideras, a algoritmos que controlan unas pocas manos pero utiliza gran parte de la población global?

–Honestamente, no tengo respuestas… Lo sigo pensando y te invito a pensarlo.

Fin

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