Hoy, quiero abordar un tema que se encuentra en tu agenda y, también, en la mía. Es recurrente, se hace presente y manifiesta prácticamente a diario. En ocasiones surge oculto, se disfraza, y otras, se exhibe directamente sin discreción. Pero siempre está con nosotros. No podemos negarlo, vivimos con él. ¡Sí! ¡Lo lamento! Quieras asumirlo o no, vivimos con el «miedo».
Como el miedo tiene una imagen que es un tanto negativa. Mí objetivo y el de este escrito, es devolverle su dignidad, relativizar su carga y ponerlo en la escena como una emoción necesaria. Una, que como otras, debemos de abrazar, gestionar y aprender a convivir con ella.
–¿Empezamos?
La etimología de la palabra miedo proviene del Latín «metus», significa temor. El miedo es una emoción incómoda y desagradable que nos pone en alerta sobre el peligro. Sea real o imaginario. El miedo está estrechamente relacionado con la ansiedad y el pánico. De hecho, éstas tres respuestas buscan alertarnos sobre posibles amenazas –psíquicas y/o físicas–. Son algo así, como tres niveles de alerta; cada uno con un set de posibles respuestas. A mayor amenaza, más se intensifica el nivel de alarma.
La «ansiedad» es un estado de alerta que aparece ante estímulos ambiguos y/o potencialmente peligrosos. Cuanto más probable y presente se hace el peligro, más intensa se vuelve la ansiedad y nos prepara para responder. Cuando el peligro es próximo y concreto, aparece el «miedo» –sensación física desagradable–. Por último, ante el peligro inminente, el «pánico» se hace presente y nuestro organismo responde de forma, un tanto más violenta y abrupta –amenazando, atacando, defendiéndose y/o huyendo–.
Existen varios tipos de miedo, por mencionar algunos: le podemos temer al cambio, al qué dirán, al silencio, a la soledad, hablar en público –o exponernos a una amplia gama de situaciones–. Podemos temer ser jóvenes y también ser grandes. Podemos tener miedo a lo distinto –sea raza, etnia, género, orientación sexual, religiosa, discapacidad, neuro-diversidad, status, etc.–. Incluso, ¿sabés qué? Podemos tener miedo de cosas que por propia naturaleza son consideradas positivas; como el amor, la felicidad, el éxito o el compromiso. Como si todo lo mencionado fuese poco, también podemos tener miedo de tener miedo, es decir: ¡Miedo al miedo! –¡Tremendo! ¿No?
–Me pregunto –¿Tengo qué preocuparme sí siento miedo? –No, por más que tenga mala prensa y su imagen pública sea negativa, el «miedo es humano». Una persona sana, siente miedo. –El miedo tiene potencial de ser problemático, cuando aparece de manera desproporcionada o sobredimensionada, en repuesta a estímulos de baja intensidad o poco amenazantes. Se podría convertir en un problema de salud mental y tomar otras formas, como trastornos de ansiedad, ataques de pánico; e incluso, fobias–.
–Pienso y afirmo –El miedo es una «ventaja evolutiva», trajo a nuestra especie hasta acá y, cómo tal, nos permite mantenernos en alerta. ¡Cuidarnos! –tanto física como psicológicamente–. ¡Eso sí! Cómo pasa con el resto de nuestras emociones, debemos de aprender a gestionarlas. Nuevamente, es esencial aprender de nuestra propia especie en general, nuestra naturaleza; y lógicamente, como funcionamos siendo sujetos en particular. Somos seres singulares, quién mejor que vos para tomarte el trabajo de conocerte. ¿Hay algo más importante que conocer a la persona con la que vas a compartir hasta el último segundo de tu vida? –¿Qué decís?
–Reflexiono y me pregunto –¿Cómo puedo gestionar el miedo? –El «entrenamiento» y la «preparación» suele ser una buena respuesta –Reflexiono y me recuerdo –Hay una práctica de la filosofía helenística «Estoica» llamada «Premeditation Malorum», dicha práctica propone reflexionar acerca de situaciones malas «qué es lo peor que puede pasar». Pensar en sucesos malos y/o desagradables –es decir, lo peor–, independientemente de la probabilidad de ocurrencia, nos prepara y nos vuelve más resistentes. –¡Ojo! No se trata de ser pesimista ni tampoco de auto-generar una sensación de excitación y ansiedad. Se trata de prepararnos y analizar posibles escenarios. Poco probables, quizá. Pero podrían suceder y si suceden, estaremos un poco más preparados.
–Profundizo en el pensamiento de la práctica Estoica –¿Es necesario pensar en aspectos negativos? –No se si se trata de necesario o innecesario, pero sí son aspectos humanos –de nuestra naturaleza– son aspectos posibles. Negarlo nos vuelve un tanto… –¿Negacionista? –A nivel personal, reflexionar sobre «el peor resultado posible». Me ha proporcionado cierta ventaja. Me ayudó a «relativizar circunstancias» dónde normalmente mí miedo se adueñaba creando alertas innecesarias –Me recuerdo –«Al pensar en lo realmente malo. La mayoría de las cosas no son tan importantes» –¿Qué opinás?
–Refuerzo –No creo que se pueda vivir en un estado «happy flower» de positivismo extremo. Lo bueno y lo malo, es parte de nuestra naturaleza. La comodidad de la vida moderna, propone ocultar aquellas cosas que irrumpen y causan incomodidad. Sin embargo, nuestro organismo está biológicamente programado para mantener un estado de alerta propia del «paleolítico» o la «sabana africana».
El miedo anuncia y alerta sobre un peligro, que no necesariamente está ocurriendo. «El miedo es humano» –persona sana tiene miedo–. Si estás en una esquina sobre la senda peatonal, aún con el semáforo en rojo, ves un auto acercarse con una velocidad desproporcionada. Es normal sentir miedo y éste miedo, respaldado por un hecho de la realidad que es concreto –¡Lo estás viendo!– Te alerta y te pide reacción. Sin embargo, a veces sentimos «miedo irracional». Por ejemplo, si te irrumpe un pensamiento que te dice que una persona te va a traicionar, te van a echar del trabajo, algo te va a pasar o similar –sin elementos o hechos concretos–. Sin información real, se trata de nuestros mecanismos emocionales jugándonos una mala pasada.
–Para finalizar me pregunto –¿A qué le tengo miedo? –Miedos, tengo muchos. Algunos «humanos», situacionales, que aunque tienen baja probabilidad de ocurrencia, podrían suceder. Son naturales. Práctico «Premeditation Malorum» para estar más preparado. Otros son un tanto «irracionales», impulsados por una ventaja evolutiva del paleolítico inmersa en la comodidad del mundo moderno. Éstos tampoco los bloqueo, también son humanos. Dejo que hablen y los cuestiono y relaciono con hechos concretos de la realidad.
–Para finalizar, te pregunto –¿Vos? ¿A qué le tenés miedo? ¿Cómo lo gestionas?
Fin.
