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Comunicar con sentido. | #70

Entre la falta de sentido y la corrección política. 

Nuestro mundo se mueve tan rápido que tenemos poco tiempo para reflexionar. Además, son pocos los espacios que permiten expresar lo que sentimos y pensamos.

Varios procesos se iniciaron con la pandemia y se cristalizaron. Hay una frase atribuida a Lincoln –no confirmada su autoría–, que dice: «Se puede engañar a algunas personas todo el tiempo y a todas las personas algún tiempo, pero no se puede engañar a todas las personas todo el tiempo».

Tus sentidos están alerta.

Según el Edelman Trust Barometer 2024, la confianza global en los gobiernos cayó al 42%, en medios de comunicación al 38%. Según el informe Latinobarómetro 2023, en América Latina el 28% de los habitantes confía en sus gobiernos. Por su parte, Ipsos Global Trustworthiness Monitor en 2023, informó que el 13% de los argentinos considera confiables a los políticos, y un 17% a los medios de comunicación.

El descreimiento y la desconfianza en instituciones y personas crece, rápida y bruscamente. Entre los principales motivos está la coherencia o, mejor dicho, la falta de ella.

La falta de coherencia afecta la credibilidad. Como escribí en la edición 68, cuanto mayor es la distancia entre lo que se siente, piensa y dice, más grande es la brecha y mayor la incoherencia.

La reputación del incoherente se diluye hasta desaparecer.

Estamos cansados de tanta farsa. Nuestro organismo descree por experiencia. Agobiados de escuchar relatos falsos, armados, maquillados de corrección política.

No confiamos en quienes comunican falsamente. 

La reputación precede los errores y su demolición se previene siendo creíble. Nos equivocamos, sí. Una cosa es cometer errores y otra, provocarlos. Ante la incoherencia sostenida no hay reputación ni acción correctiva que valga. 

Yo escribo para personas creíbles, interesadas por evolucionar. Este escrito –como todos los que hago–, no apunta a psicópatas, sociópatas o personas que buscan sacar provecho a través del sufrimiento de otros. 

—¿Cómo nos volvemos creíbles? —Comunicando con Sentido. 

Etimológicamente «Sentido» viene del latín sĕnsus, significa percibir, experimentar, pensar con los sentidos.

La reputación es una imagen que los demás se crean de nosotros. La construimos todos los días, en cada uno de nuestros actos. —¡Cuánta presión! —Depende. Ser incoherente es agotador, no es fácil sostener una farsa. El estrés de quien vive del engaño es pesado. Se enquista, crece como un cáncer. Duele.

Para que tenga sentido tiene que sentirse. Para que no lo tenga, no. Si sentís, vivís. Quien tiene intenciones discutibles, no piensa o simplemente no se conoce, comunica mal.

—Conocerse es fundamental para comunicar con sentido y coherencia. 

Implica ir desde adentro, hacia afuera. Para llegar adentro hay que recorrer un viaje introspectivo, profundizar, reflexionar, cuestionar; poner en funcionamiento el pensamiento crítico. 

La voz interna brota, desborda, se expresa aún sin quererlo. —En algún momento, el viaje tiene que empezar.

Los motivos para iniciar un viaje de autoconocimiento son variados. Algunos empezamos motivados por crisis personales. —Separaciones, divorcios, pérdidas de seres queridos, dolores, o enfermedades –del cuerpo y del alma–.

En materia de autoconocimiento, se sabe dónde se empieza, pero no dónde se termina. 

Es un camino duro, no es fácil. Requiere compromiso, valentía y constancia. —Hacerlo con sentido tiene su precio. También, su premio. 

No se trata de escalas. Puede ser pequeño. —Tan «pequeño» como dejar de fingir ser lo que no somos, para decirle a los que nos rodean: —«Esto es lo que siento y pienso». 

Cuando la brecha se hace pequeña, afuera lo notan. 

La reputación de quien se comunica con sentido: es lo que es. —Sos quien sos. Sos vos. Tu voz, tu sello, tus distinciones. Todo lo que te hace auténtico, y singular. 

Cuanto más te conoces, más te expresás desde ahí. La reputación se vive en carne propia. Siendo ella misma, crece.

El viaje no es lineal, tiene altibajos. —¿Errores? ¡Miles! —Acaso quien engaña, ¿no se equivoca? 

Cada vez que escribo hago lo mejor que puedo, con las herramientas que tengo, en el contexto en el que estoy. Sintiéndome como me siento, escribo. —No siempre me sale. Pero doy todo lo que tengo para que mi propia voz hable con sentido. 

Lo vivo en carne propia, los setenta escritos de Reflexiones hicieron su parte, mi experiencia personal, profesional y familiar, me llevó a desarrollar un modelo de comunicación y Personal Brand.

Promuevo la Comunicación con Sentido porque creo profundamente en ella.

—Vos, ¿ya empezaste a comunicar con sentido? 

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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