¿Por qué lo hacés? —¿Por vos, por los tuyos, por altruismo?
A lo largo de la vida los incentivos cambian. Partimos de la ceguera socio-emocional a lo que con el tiempo, madurez, experiencia y un poco de suerte, se convierte en sensibilidad social y emocional.
—El legado genético es uno de los más poderosos incentivos para pasar del propio ombligo hacia el ajeno. —Pero, ¿qué pasa en un mundo donde este proceso está en decadencia? —¡No tenemos suficientes nacimientos! La tasa global de fecundidad está por debajo del reemplazo (2.1 hijos por mujer) en la mayoría de los países de Occidente. En Argentina por debajo del 1.5.
—¿Seguís siendo lo central en tu propia vida?
No todos evolucionan. Actualmente hay adolescentes en todos los rangos de edad. No se trata de años, sino de cómo se transitan. Pueden ser 40 años de experiencia o 40 veces 1 año de experiencia.
A la hora de hablar de aprendizaje, la intersección entre lo propio y lo ajeno es interesante. Los curiosos, aun jóvenes, pueden aprender de la experiencia propia y también, de la ajena. —¿Será por eso nos gustan tanto los cuentos, relatos e historias de vida?
Según la etimología de la palabra, «centralidad» proviene del latín «centralis», significa condición o cualidad de ser central.
—Al mirar hacia afuera durante un tiempo, como dice en la canción «Todo Cambia» Mercedes Sosa: —Cambia, todo cambia. Cambia lo superficial. Cambia también lo profundo.
Lo que gira se mueve, más tarde o más temprano necesita un cambio. Los nuevos puntos focales emergen para evitar el colapso. El movimiento hace que las cosas evolucionen. A veces para bien y a veces, al menos en apariencia, para mal. Ese estado dinámico y cambiante es natural. Lo nuevo, pide pista, lo maduro deja espacio para que se produzca el cambio. —Lo que está en el centro deja de estarlo, pasando de ser una cosa a ser otra. —Lo nuevo trae energía y vitalidad. Lo maduro aporta experiencia y reputación.
—¿Cómo podemos construir valor entre lo nuevo y lo maduro? Recurrentemente pienso en mentorías intergeneracionales, legados filosóficos, artísticos… —La magia está en el complemento.
Por un lado, es necesario tener disposición a «soltar» la centralidad sin aferrarse con excusas absurdas al poder –está chequeado, no funciona–. Además, darse cuenta que solo y haciendo lo mismo, no se puede llegar lejos –si dudás volvé a la biología, nunca falla–. —Como cita en su libro «El Principito» Antoine de Saint-Exupéry: «Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos».
Qué mejor que la vitalidad y la energía de lo nuevo para emprender nuevas aventuras. Entender el dinamismo del tiempo y así superar las propias limitaciones.
En una época en la que pocas personas piensan más allá de su ombligo, la responsabilidad de quien «sí puede ver», crece. —Te gustaría que sea diferente, lo entiendo. No se puede juzgar al ignorante por serlo. Las cosas como son. Criticar lo que está mal en lugar de cumplir tu responsabilidad, es sólo una excusa.
—¿Será miedo, inseguridad, insensibilidad, o un poco de todo? ¿Qué incentiva a una persona, que aún pudiendo, no hace lo que tiene que hacer? —Quien lo ve, lo respira, lo siente; si aún así, mira para otro lado, merece cuestionamiento y hasta un recordatorio.
Aunque todo cambia, lo esencial no lo hace. Quien desarrolla la capacidad de conectar, se da cuenta. Lo nota. Se hace visible lo que en apariencia es secreto. Como indica el escritor Patrick Harpur: «El secreto es, ante todo, una manera de mirar». —Lo que no se logra con competencia y poder, se encuentra con generosidad y tolerancia. —Lo que no alimenta el ego, alimenta el alma.
—Pensá en lo que vas a dejar; es importante. Las personas estamos programadas para cooperar y colaborar. Tenemos que hacerlo. —¿Qué lugar querés ocupar en tu historia y en la de los demás? —¿Qué valor vas a entregarle a tus sucesores? —¿Cómo vas a convertir tu legado individual en impacto colectivo?
—¿Estás preparado para dejar ir la centralidad?
Fin.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
