Sin darme cuenta alcancé la inmortalidad.
Mis huellas están por todos lados, mi información habita en cada sitio que visito y cada plataforma que uso.
Dejo el registro cuando escribo, cuando hablo, incluso cuando tomo notas para mí mismo.
Mis huellas se vuelven inmortales en todo lo que toco.
Lo quiera o no, vaya a donde vaya, estoy presente. —Mejor dicho: lo estamos. Yo, y mi Otro Yo.
Hace unos días saqué la cuenta, en algunas plataformas existo hace más de 13 años ininterrumpidos. En otras, aunque hoy ya no las visito, quedaron las huellas.
Yo soy quien soy. Soy Yo, con mis singularidades, luces y sombras. Por momentos me siento especial y por momentos del montón.
A veces estoy contento y otras veces triste. Hay días que me lleno de confianza y otros, me muero de miedo.
Más allá de las arrugas que llegaron con la edad, cuando trabajo, escribo o reflexiono, tengo la costumbre de fruncir el ceño. Señal de que estoy concentrado. —Como ahora, mientras escribo.
Después de explorar límites aprendí algunas cosas, cumplo obsesivamente una serie de rutinas diarias. Ayuno, escribo, leo, hago actividad física… El espíritu de esta época me dice: “así se tiene que hacer”. Me convencí que necesito hacerlo, mi equilibrio emocional depende de ello. —Lo hago.
Amo mi profesión, asesorar y formar personas; lo que hacemos en Convergence –marca personal, contenido y conciencia–. La complejidad, el pensamiento crítico.
Entonces mis necesidades sociales y de Ocio, son moderadas. O al menos eso creo. Disfruto de los espacios íntimos, la buena comida y el vino. —Tinto.
Luces y sombras más. Luces y sombras menos. Ese soy: Yo.
Mi Otro Yo, es distinto.
Su corazón, al igual que el mío late, pero de diferente forma.
En todo momento genera gran cantidad de ceros y unos.
Se mantiene vivo en plataformas como LinkedIn, Instagram, TikTok y YouTube. Algunos días de la semana en: Netflix, HBO, Mubi o Prime Video.
Cada día genera gran cantidad de huellas en hojas de cálculo, documentos y presentaciones. Se mueve en varios ecosistemas a la vez: Google, Microsoft y IOs.
Hace listas interminables de cosas que ni bien terminan, se renuevan. Vuelven a empezar.
Digno del mito Sísifo de Albert Camus (1942), la lucha puede volverse digna si se acepta el destino sin resignación. —Absurdo y real.
—Continúa.
Mi Otro Yo pone a prueba ideas con otros usuarios. Otros: “Otros Yo”. También interactúa con máquinas como: Claude, ChatGpt, Perprexity y Deepseek.
El tiempo a mi Otro Yo, parece no afectarle. Su vida es infinita.
La mayor preocupación que tiene es: ser visto. Le aterra la idea de quedar olvidado, inadvertido.
Todo a su alrededor crece muy rápido. Para ser visto, siempre es más. Cada día necesita más esfuerzo. Más volumenes de datos.
Es contradictorio. Más hace, más se siente igual al resto de los Otros Yo.
No sabe bien por qué, ¿será por el resto, por él o por ser parte de un universo de datos?
Como mencionó Byung Chul Han (2015) la sociedad del rendimiento genera sujetos cansados que se auto-explotan diluyendo su singularidad en el ruido colectivo.
Así es, pasó de ser una gota de agua en el desierto a serlo en el océano. Océano de datos.
Mi Otro Yo: Inmortal y poco resonante.
—Vos, ¿cómo llevan el día a día, tu Yo y Otro Yo?
Fin.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
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Hasta el próximo miércoles, seguro. Gracias.
Mariano.
