—¿Querés saber como podés cambiar tu personalidad?
Tengo malas noticias, no pierdas tiempo ni energía, porque tus rasgos de personalidad, te atraparon.
Los desarrollaste durante las primeras décadas de tu existencia y te marcaron lo suficiente como para condicionar el resto de tu vida.
Pero… ¿está todo perdido? No. Por eso, vamos hasta el fondo.
Como escribió Jung: “el verdadero viaje no es cambiar de personalidad, sino integrar conscientemente quiénes somos”.
Entonces la diferencia está en dónde ponés la atención.
Porque la personalidad no cambia o mejor dicho, para moldear tu neuroplasticidad necesitás hacer un esfuerzo intenso y sostenido. Con persistencia y voluntad, el mejor resultado posible es cambiar, pero sólo un poco.
—¿Qué nos queda? —Respirá.
Acá donde empieza lo interesante, tenés mucho por hacer en el campo de la conciencia. Por eso, si querés entender y elegir: qué, cómo, porqué y con quién lo hacés, empezá por el autoconocimiento.
Porque al conocerte, tu personalidad, motivaciones, creencias y comportamientos, se vuelven evidentes. Entendés los mensajes que personas sensibles e inteligentes hicieron sobre vos. —Esos que te dejaron recalculando.
Sin conocerte podés pasar una vida persiguiendo objetivos que no son tuyos. Sufriendo. Crujiendo. Como una prenda que se estira hasta desgarrarse.
Haceme un favor. Dejá de castigarte. Ponele luz a la oscuridad. Desarrolla tu conciencia.
Te voy a contar algo.
Personalmente, dediqué muchos años de mi vida a racionalizar mis pensamientos y comportamientos.
Impulsado por una absurda creencia: “si cambio puedo evitar el dolor”.
Mi vida dejó de ser una. Pasó a ser dos.
De un lado, mi mundo visible. Real. Donde vivo y me relaciono.
Del otro, mi mundo interno. Donde una voz testaruda 24×7 supervisaba y microgestionaba cada pensamiento y comportamiento queriendo controlarlo todo.
Creé fantasmas. Abusé de la culpa y el auto-flagelo.
Sufrí queriendo cambiar lo que no podía cambiar. —¿Cuál fue el resultado? Siempre el mismo. La imposibilidad de complacer a mi voz testaruda interior.
—Te imaginás como sigue, ¿no?
Rechiné los dientes casi hasta romperlos. Aparecieron los temblores.
—Algo se quebró.
Mi ser más profundo se expresó sin filtros. Como un volcán.
Cuando descubrí la verdad que te comparto, me sentí tonto. Fue triste y doloroso. Mi mundo se vino abajo.
Tanta energía innecesaria. Tantos años de sufrimiento… ¿Para qué?
Junto con el derrumbe y la crisis, una luz de esperanza.
La voz habló, pero esta vez dijo: —No podés cambiar tus rasgos de personalidad, ¿hay algo que puedas cambiar?
Como dijo el psiquiatra, neurólogo y autor del libro El Hombre En Busca de Sentido, Viktor Frankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación solo nos queda cambiarnos a nosotros mismos.
Inmerso en este camino reflexivo y profundo, me puse a trabajar en mí mismo.
Tres ideas me atravesaron profundamente. Me transformaron.
Tuvieron un impacto tremendo en mi desarrollo personal.
La primera: Los hábitos que tengo hoy definen como me siento cada día y el nivel de independencia que voy a tener en el futuro. —A los 70, ¿quiero poder ir al baño sin ayuda?
La segunda: Las relaciones que tengo hoy son los problemas que voy a tener mañana. —¿Todas las personas que me rodean merecen mi atención y energía?
La tercera. La más importante.
Abandoné definitivamente la idea de querer cambiar. Me propuse celebrar mis rasgos apasionadamente.
Dejé de intentar apagar mi fuego interno. Abracé mi intensidad.
Empecé a escribir –para mí y para vos–. Creé junto a mis amigos un podcast. Validé que trabajar con personas –docencia, grupos y 1 a 1–, me da el oxígeno que necesito para respirar.
Y todo esto, ¿sabes qué? —Se vincula con mis motivaciones más profundas.
Así llego a hoy. Mientras escribo, mi intensidad te habla. —Habla por mí.
Si no lo hiciste te invito a iniciar tu recorrido, sólo o acompañado. Recorre tu proceso de autoconocimiento.
Y no te olvides: —¡Tu personalidad no cambia!
Lo que hagas con eso: ¡Sí!
Conocete, conocé tus rasgos, elegí: qué, cómo, porqué y con quién vas a hacer lo que tengas que hacer en este viaje.
—La vida es una: ¿ya empezaste?
Fin.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
