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Pertenencia. ¿Navegás solo o acompañado? | #75

Se terminó el tiempo, tenés que elegir: ¿sos parte o no?

Quiero que pienses en lo que hiciste para gustarle a otros, para pertenecer. 

Ahora, pensá: cuando te eligieron sin ser vos, ¿a quién eligieron?

Porque la sensación de pertenencia, viene con nosotros.

Por ejemplo: grupos, comunidades y ciudades. También: tribus urbanas, equipos de fútbol, rugby, running. Y asociaciones, partidos políticos. Y también religiones.

Necesitamos identificarnos con otros, compartir rituales, espacios y valores. Porque es parte de nuestro legado evolutivo.

—Somos seres sociales.

Virtuoso en medidas sanas, oscuro en exceso. 

Usado por el poder. Las almas sometidas son dóciles. 100 años atrás, personas como vos y yo escribieron una triste historia. El fanático no se da cuenta que es fanático hasta que es tarde. 

La vida pareciera ser una pelea entre dar y recibir, acercarse y alejarse, ser parte y dejar de serlo.

—Pienso: —¿Pertenecer al grupo o a uno mismo?

Michel de Montaigne escribió en sus ensayos: “Lo mejor del mundo es saber pertenecer a uno mismo”.

Entre la cercanía a lo más grande y la fidelidad a lo más pequeño. Cada elección tiene costos, también beneficios. —Pertenecer o aislarse. 

Nada merece sacrificar la propia identidad. Negarse es negar a la persona con la que vas a compartir el resto de tu vida. 

Ralph Waldo Emerson dijo que es fácil vivir en el mundo según la opinión del mundo y es fácil hacerlo en soledad según la opinión propia. 

Nuestro mundo está lleno de contradicciones. Las personas quieren ser quiénes no son. Monjes influencers, introvertidos celebrities e ineptos líderes.

No puedo evitar preguntarme si yo puedo ser profundamente social sin perder mi espacio íntimo.

Desconozco si hay un destino preciso o se trata de una navegación sin rumbo por las inestables aguas de la vida.

—Sufro. Me pierdo en mis contradicciones. 

Cuando crucé el doloroso umbral de la soledad, encontré pertenencia junto a mis motivaciones profundas. Elixires con dosis de veneno. Paz a costa de aislamiento. 

Aprendí que el alma florece en la calma y se marchita en el ruido.

Dónde pertenezco no sé. 

Hay días en los que siento que soy parte de algo más grande. Otros, todo parece reducirse a lo ya conocido, más de lo mismo en diferentes presentaciones.

Quizá sea una negociación infinita entre la esperanza y la insatisfacción permanente. Un constante dar y recibir con momentos de tregua para no marchitarse ni perderse en lo inexplicable. 

Quizá se trate de vivir y ser vivido en convivencia, donde todo es cierto y falso al mismo tiempo.

—¿Y vos? ¿Navegás solo, acompañado o negociás un poco?

FIn.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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