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Pensar Simple. Pensar Complejo. | #81

Pensar Simple es directo. 

Inocente.

Como los chicos, sin vueltas.

Se complica cuando algo sale mal, y sí. Es cuestión de tiempo, en algún momento algo sale mal.

A mí, no me gusta cuando las cosas salen mal. Cuando pasa, quiero saber por qué, para aprender, desde que tengo memoria quiero saber el porqué de las cosas.

En la escuela. Mi sensibilidad y aburrimiento, me llevaban a molestar a otros. Al principio no sabía por qué, noté que algo hacía mal cuando me la pasaba en la dirección. 

Entendí que molestar a otros estaba mal. Y si lo hacía, iba a dirección. 

No te voy a mentir. Corregirlo me llevó años.

Antes de aprender, tuve que Pensar Complejo.

—“Mi sensibilidad y sufrimiento es mío. La mayoría de las veces es independiente de lo que los demás digan y hagan.”.

Algo aprendí, pasé a mirarme más y a culpar menos a los otros.

Mi curiosidad, no paró ahí. Leer y estudiar se volvió una obsesión para saber el porqué de las cosas.

En el conocimiento encontré un hogar, serio, riguroso. Pasé de Pensar Simple a Pensar Complejo.

Por un tiempo estuvo bien. Bastante bien. Obvio. Ya lo dijimos, es cuestión de tiempo.

Me volví a equivocar. 

Me estructuré demasiado. Esta vez, mi pensamiento rígido me llevó a molestar a otros. Señalamientos. Sobre análisis. Simplificaciones. Ya sabés, cosas de cerebrito.

No fue gratis. Perdí cosas en el camino. Incluso parte de mí mismo.

Antes de aprender, tuve que Pensar Complejo.

—“Mi pensamiento rígido, es mío. Por más que me ayude buscar posibles causas y explicaciones. No es así para todos.”.

Algo aprendí. Empecé a decirle menos a los demás qué es lo que tienen que hacer.

En cierta forma, cada uno vive como puede. Y quiere.

Bueno. No terminó ahí. 

Con el tiempo volví a Pensar Simple.

Me di cuenta que la simpleza tiene cierta magia. Y a veces, es el mejor camino.

La vida es corta. Pasa rápido. Muy rápido. Por más que quiera, no puedo saber todo sobre todo. No puedo.

Antes de aprender, tuve que Pensar Complejo. Otra vez.

—“Mi metro cuadrado, tiene capas. Muchas capas. Cuando investigo y profundizo, siempre hay algo más. Me pregunto, ¿cómo será  con el resto de los metros cuadrados?”

Algo aprendí. Descubrí que pasa lo mismo. Si te involucrás, profundizás e investigás, hay nuevas capas. Sin excepción. 

En el fondo, el fondo, es más una cuestión de abandono que de finalización. Pensar Complejo no tiene límites. Salvo la propia incompetencia.

Hay una teoría que lo cuenta muy bien. Te la comento rápido. 

El tema es así. 

Imagina una persona. Como vos o como yo. Empieza su carrera profesional. Va creciendo. Pasa de un puesto operativo a un mando medio. De ahí, llega a un mando gerencial. Y después, sabés qué. Nada. Quedó ahí. Tenía proyección. Potencial. Parecía que iba a llegar lejos. Pero no. No llegó. 

Alcanzó su máximo nivel de incompetencia. El principio de Peter. Así se llama.

Con el pensamiento pasa parecido. 

Pensás Complejo hasta alcanzar tu máximo nivel de incompetencia. 

¿Y después?  Tres caminos posibles.

El primer camino, es insistir. Hacer lo mismo, una y otra vez. Hasta quemarte. Sí. Como suena. Quemarte. Innecesario, pero muchas personas lo hacen. Yo lo hice. No se sintió bien.

El segundo, es rodearte de un entorno favorable. Personas y estructuras que te ayuden a cruzar tu incompetencia. Sí. Suena mejor. Es mejor. Pero no es fácil.

El tercero, aceptar. Darte cuenta que llegaste a tu máximo nivel de incompetencia. Y sí. Tenés que soltar. Volver a Pensar Simple. El tema es así. No todos estamos hechos para todo.

Pensaste que sí, pero no. 

En este caso la incompetencia se da porque eso no es para vos. 

Va contra vos. Son tus rasgos. Tu esencia. Insistir no tiene sentido. Abandonar. Sí. 

—¡¿Qué es ese ruido?! ¡¿Estas leyendo?! ¡¿Suena una alarma?! 

Esta bien. Escuchá. Sentí. Sentí.

Sí. Sí es lo tuyo. Sí.

Es para vos. 

No abandones. Seguí. 

Insistí. Creá rutinas, sistemas.

Hacete fuerte. Humilde, pero fuerte.

Acepta tu incompetencia. Rodeate de personas inteligentes.

Todos necesitamos entornos que nos contengan en los momentos difíciles. 

El sol no siempre brilla. Pero es nuevo cada día.

En fin. 

Pensar Simple. Pensar Complejo. 

No es un camino lineal.

Elegí tu metro cuadrado. Cuidalo. Hacelo tuyo.

Todos tenemos un lugar donde vale la pena estar, apostar y seguir estando. 

Pensar Complejo. Y por más que alcances tu máximo nivel de incompetencia. 

Insistí. Porque tiene sentido. Es tuyo.

Fin.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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