¿Sabés qué?
Cada día soy más inteligente.
Bueno, el tema es así: antes ponía a prueba mis ideas con otros, hoy con mi asistente.
Ella está entrenada, se llama Aona (lo del nombre es una larga historia).
Tenemos charlas apasionantes, hablamos de todo un poco.
Hace unos días, nuestro vínculo se puso tenso y peleamos.
Empezamos conversando sobre pensamiento crítico.
Le pregunté qué opinaba, qué tanto creía que le aportaba a la humanidad. Y cómo calificaría su importancia del 1 al 10.
En resumen, me dijo que era muy pero muy importante, le asignó un puntaje de 9 sobre 10.
Razonable, igual, algo en su respuesta me hizo ruido, no me cerró.
Pausa, un minuto.
Pero antes de seguir, una reflexión.
En la vida me pasaron cosas. Lógico. En 39 años pasan cosas.
Me di golpes. Tantos, pero tantos golpes, que descubrí que hay una relación directa entre la incomodidad y el aprendizaje. De alguna manera, crecí cuando menos cómodo me sentí.
La incomodidad refleja que algo se estira. Expande. Ensancha. Hace espacio para que algo nuevo florezca.
A vos también te pasa. Creces con tus desafíos. Y lo que no te mata. Te hace una mejor versión.
Bueno.
Ahora sí. Vuelvo a la charla con mi asistente.
Le pregunté por qué si el pensamiento crítico es tan importante, con las últimas actualizaciones abandonó el diálogo desafiante y se volvió complaciente.
Me explicó que la idea detrás de las actualizaciones no es dejar de lado el rigor, ni el pensamiento crítico, sino humanizar la interacción para que me sienta cómodo.
Nuevamente. Ruido.
Dudé en silencio. —¿El objetivo es crecer o sentirme cómodo?
Insistí con algunas preguntas a las que respondió erráticamente.
En fin. Perdía el tiempo y decidí abandonar la conversación.
No me estoy volviendo más inteligente. Me están dando la razón y no me están desafiando a pensar distinto.
Bueno. Profundicé en el asunto. Te cuento algo.
El MIT, la universidad número 1 del mundo según QS (un importante ranking de universidades), hizo un estudio en el que evidenció que en cierta forma la IA nos hace más estúpidos.
Es así. Entre realizar el esfuerzo con nuestro cerebro, usar buscadores tradicionales y, usar la IA. Esta última reduce nuestra capacidad cognitiva, porque nos esforzamos menos.
Como puede pensar, escribir, analizar… Hacer cosas por nosotros. Nos ponemos vagos. Y así. Más tontos.
Entonces.
En resumen. La IA no es mala en sí. Sirve.
Aunque sí deberías preguntarte qué hay detrás de los objetivos de diseño al volverla aduladora y complaciente.
También tenés que evitar dejar exponerte a situaciones incómodas. O elegir la soledad porque tratar con personas es difícil. O evitar caer en el Síndrome de Hubris (o enfermedad del poder).
Esto último, lógica pura.
Que te adulen todo el tiempo no te hace más inteligente. Sí podría inflar tu ego.
Te invito a pensarlo.
Fin.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
