Este escrito es personal y es para un tipo de personas. No para todas.
Si sos de los que “saben todo”, no lo leas porque no tiene nada para vos. No te va a aportar nada, salvo perder el tiempo.
Ahora, si sos como yo, que no entendiste todo y todavía estás en la búsqueda. Sí te va a aportar algo… Algo de lo que está ahí a tu alrededor, pero que no podés terminar de entender o te cuesta asimilar.
Esta semana pude racionalizarlo un poco más, al compartir intimidad con personas que… ¿Viste cuando decís: “entendió todo”? —Bueno, básicamente eso.
Cada año conozco cerca de 300 personas nuevas (o más). Sea que se trate de un momento de lucidez o de un rasgo característico, me encuentro con personas que entran en la categoría de “entendieron”. Y cuando digo esto, me refiero a que pudieron darle una vueltita de rosca a sus vidas que el resto no.
Y esa vueltita más hace que, por un lado, se destaquen en lo que hacen. Pero por otro, y más importante, mejoren profundamente sus vidas y cómo se sienten.
En algún punto en los espacios en los que me muevo (y las personas que vibran conmigo) están en la búsqueda de este tipo de hallazgos, detalles que “nos mejoren”.
Esto es lo más importante: no se trata de cosas extraordinarias que vos no podés implementar. Se trata de detalles. Están ahí, adelante tuyo, pero no los ves hasta que los ves. —Y una vez que pasó (verlos), depende de vos.
—¿Cuánto pagarías por tener un detalle que te mejore la vida? —Yo mucho. Por eso y porque es mi propósito: por un lado, dedico mi vida a buscar estos detalles. Y por otro, cada vez que encuentro alguno, lo comparto (en el aula, en mi newsletter diaria Hambre y Ganas, en Snac Podcast o en Círculos). La idea de mejorarle la vida a una persona, me llena de energía y motivación.
—¿Sabés qué tienen en común las personas que “entendieron”? —Voy a intentar contarte lo que aprendí. No de la mejor forma (probablemente haya una mejor), pero sí de la mejor forma que puedo hacerlo yo. Así que vamos…
Primero, se escucharon. Y vos me podés decir: —Mariano, eso es una estupidez, yo también me escucho. —Claro, pero no. Cuando te digo “se escucharon”, me refiero a que de verdad: SE ESCUCHARON. Cruzaron el bosque oscuro. Atravesaron esa parte del diálogo interno que te eriza la piel y que te hace vibrar todo. Esa parte en la que querés salir corriendo para hacer cualquier cosa que te disperse. —El bosque, obviamente, para cada uno es distinto. Tu cruz no es igual a la de ellos ni a la mía. Cada uno de nosotros lucha contra sus propios demonios.
Segundo, respondieron a lo que escucharon. Respondieron al llamado interno. —Es loco. Sea que me lo digan en palabras o no (no todas las personas racionalizan tanto lo que experimentan), se puede ver en sus ojos, en las expresiones que eligen y sobre todo en su calma… Sí, eso, la calma que transmiten. Es como que te están contando una anécdota… Iban en una ruta con una tormenta, llenos de miedo, pero al final… llegaron a salvo. —Están tranquilos porque entendieron lo que la tormenta (o el bosque oscuro) les venía a enseñar, y después mejoraron como personas o cambiaron lo que tenían que cambiar. Es muy raro que, llegado a este punto, retrocedan y vuelvan a ser la persona que eran antes de cruzar el bosque oscuro o la tormenta. Se escucharon y siguen escuchándose.
Tercero, se despegaron del resultado. Otro rasgo. Nuestro mundo está obsesionado con el resultado, con el éxito. Ellos no, no se obsesionan con el resultado. Y con esto no me refiero a que son unos seres de luz, esotéricos y desconectados del plano material. Para nada. Sino que llegaron a un punto en el que escucharse y mantenerse alineados con quienes son se volvió más importante. Y si algo sale mal, están tranquilos porque hicieron lo mejor que pudieron. Dicho de otra manera: —Dieron todo lo que tenían para dar. Y en el balance después de la tormenta (o el bosque oscuro), no están pensando “podría haber hecho esto… o aquello”. Están tranquilos porque lo dieron todo.
—Y vos me podés decir: —Mariano, otra vez una estupidez. ¿Cómo podés decir que alguien dio todo si no estás adentro de ellos? —Y yo te respondo de otra forma, ¿sabés cómo te das cuenta si una persona lo dio todo o no? —Si le preguntás (cuando las cosas no salieron bien): —¿Lo volverías a hacer? —La respuesta es: —Sí, lo volvería a hacer porque no me guardé nada.
Por eso, como ellos: —¡No te guardes nada, dalo todo!
PD: como te dije al inicio, este escrito no es para los que “saben todo”. Para ellos es una obviedad. Pero para otros que, como yo, siguen en una búsqueda, quizá les aporte algo distinto. —Y te hablo a vos, que necesitás una mano: espero que desde este lugar te la haya dado.
Fin.
Mariano.
