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Motivos. | #136

Ni vos ni yo ni la mayoría de nosotros podríamos desempeñar una posición así.

Es un lugar para pocos, donde los detalles son decisivos porque marcan la diferencia entre vivir y morir.

Te cuento: entre colegas nos quejamos del estrés y los desafíos vinculados a ocupar posiciones de liderazgo. Problemas de equipos, financieros, comerciales y de gestión en general. Pero… —¿Te imaginás cómo sería dirigir una unidad de terapia intensiva, donde  todos los días atendés personas al filo de la muerte, tomás decisiones críticas y ponés la cara para dar noticias que nadie quiere escuchar?

Yo no podría ocupar una posición así. Te digo más: hace unos años ni siquiera podía pensar (o escuchar hablar) sobre lo que pasa en esas situaciones. Convengamos que es lo opuesto a lo que la mayoría de nosotros desea.

No sé si será que estoy más grande o que mis pérdidas me demandaron un mayor nivel de conciencia y curiosidad… Pero conozco a alguien que ocupa esa posición crítica (y bisagra) en la continuidad de la vida de muchas personas y familias. Atendió no cientos, sino miles de personas liderando un área de cuidados intensivos.

Decidí preguntarle lo siguiente: —Suponiendo que hay dos personas con un diagnóstico crítico y reciben la misma atención médica, ¿hay algo más que pueda ser decisivo entre vivir o morir?

—¿Sabés qué me respondió? 

… 

—Motivos para vivir. 

Sí, en su experiencia, más allá de cuestiones lógicas (estilo de vida, antecedentes familiares y lo que lleva a una persona a esa situación), tener o no motivos para seguir adelante resulta fundamental en cómo cada persona responde a un tratamiento. 

Y, si lo pensás, tiene lógica. No sé si te pasó, pero a mí sí. 

Tuve un período de mi vida en el que parecía que mi mundo funcionaba solo por la inercia de lo que me rodeaba. Sentía que me arrastraban… y lo que hacía no me llevaba a ningún lado. —La realidad es que pocas veces sabemos lo que pasa en el interior de una persona. Y muchos de los que no encuentran motivos en el día a día, en una situación límite, abandonan. Y otros, que sí los tienen, encuentran las formas para salir adelante.

Tus motivos son diferentes de los míos. Quizá compartimos algunos valores, pero nuestros rasgos de personalidad e historias de vida son distintos. 

Igual, más allá de las diferencias, en todos los casos, nuestros motivos son necesarios.

Sean vínculos personales (hijos, pareja, familia, amigos), proyectos profesionales o incluso espiritualidad y religión…  

—Mi principal motivo para vivir es mi hijo. Pero tengo más.

Trabajé duro para encontrar sentido y desarrollar proyectos que me vinculen con él.

Y sabés qué, por más que algunas veces esté cansado e incluso dude… Después de descansar un poco, vuelvo a llenarme de energía, para darlo todo y seguir adelante.

Mirá, para muchos puede parecer absurdo levantarse a las 6:00 a.m. a escribir lo que estás leyendo, pero para mí no. Porque aportar una reflexión, que podría darle una mano a por lo menos una persona en una situación difícil, es parte de mi propósito.

Por eso: —¿Cuáles son tus motivos? ¿Qué es lo que te haría salir adelante en una situación crítica?

Fin.
Mariano.

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