En algunas cosas, nuestro mundo mejoró y en otras no.
Por un lado, tenemos en la mano formas increíbles para alimentar y expandir nuestra creatividad y curiosidad. También medios de comunicación bárbaros para compartir ideas, y conectar con otros a pesar de las distancias físicas y geográficas.
Por otro lado, como siempre, los humanos siendo humanos. Tenemos la enorme dificultad de establecer límites y hacer un buen uso de las “herramientas de los dioses” (como diría algún fanático tecnológico). Porque esas formas increíbles (de alimentar la creatividad y curiosidad y ampliar los mecanismos de comunicación), son las que sin límites, nos destruyen.
¿Necesitamos de las reglas? ¿Puede la humanidad salvarse a sí misma sin una brújula moral?
Los antiguos, con mayor o menor grado de conciencia sobre la utilidad de lo sagrado, dedicaban mucho tiempo a establecer formas para guiar el comportamiento humano. Es más, este plano (la vida) era solo una parte del recorrido.
Por ejemplo: hace 3500 años los egipcios usaban una serie de textos funerarios para que las personas se prepararan para el juicio en el cual serían evaluados para ocupar o no un lugar entre los dioses.
Alimentando mi curiosidad, me encontré con las 42 declaraciones de inocencia del Libro de los Muertos. Básicamente, las personas se preparaban para rendir cuentas ante Osiris (dios de la muerte y resurrección) y sus 42 jueces. Hacían una “confesión negativa” (“no he…”) y juraban no haber cometido ninguna de los 42 declaraciones.
Te cuento algunos:
No he obrado con maldad, ni robado, matado, ni mentido […] Ni dije maldiciones, ni cometí adulterio […] No he hecho llorar a nadie, ni atacado a nadie […] Ni he sido un fisgón, calumniado, ni enojado sin causa justa […] No he seducido a la mujer de otro, profanado, contaminado, ni transgredido la ley […] No he hecho oídos sordos a la verdad, ni obrado con violencia, o juzgado con apuro […] Ni me he entrometido en asuntos ajenos, hablado en exceso, ni con arrogancia […] No me he enriquecido de forma deshonesta, ni he sido codicioso ni glotón […].
Bueno, creo que el punto se entiende. Es interesante aprender del pasado, incluso de forma utilitaria. Porque más allá de las creencias religiosas y espirituales que tengas, es innegable que ciertos ritos y rituales ocupan un lugar importante a la hora de guiar y ordenar nuestra conducta (individual y colectiva).
Ya sé, es obvio que no resiste análisis. Un egipcio de hace 3500 años traído al presente, en lo que tiene que ver con moral, se inmolaría o caería presa de la “falta de inocencia” en la mayoría de las 42 declaraciones.
Si bien no tengo la intención de hacer del escrito algo metafísico, sí me gustaría insistir con esta idea: ¿qué tan preparados estamos desde lo individual para liderarnos a nosotros mismos si no contamos con una brújula moral?
Porque cada uno de nosotros, al menos en mi experiencia, enfrenta una serie de desafíos internos enormes para sobrellevar su propia existencia (y ni que hablar si intentás superarte y evolucionar).
Me pregunto si con el deterioro de las instituciones, la caída de referentes y la falta de guía moral, ¿estaremos yendo por buen camino?
Quizá no sea tan alarmante y la mayoría de las cosas en un tiempo se acomoden. O quizá no. Personalmente me rehúso a no dedicar tiempo a pensar y hacer cosas que me permitan, en este ratito que tengo (y en este plano), desarrollarme humanamente. Y ver si logro dejar algo al menos un poquito mejor para mi hijo. —¿Hasta dónde? Hasta dónde pueda: me juego la piel.
Y no sé si existirá Osiris con sus 42 jueces que evalúen mis declaraciones, pero sí sé que más orgulloso me siento en la medida que mejoro y subsano las fallas que tengo por falta de conciencia.
Porque es importante crecer en conciencia. —Bah, al menos yo en eso creo. —¿Y vos?
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
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Mariano.
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