Conversamos con una amiga sobre: dejar.
La charla empezó con hábitos, después pasó a relaciones y siguió con proyectos.
Te cuento.
Sin apego ni afecto es fácil dejar.
Pero, una vez que construís compromiso y afecto (sea rutina, persona o proyecto) las cosas cambian.
Personalmente, no soy de los que dejan.
A ver, no me mal entiendas, me explico.
Tampoco permito que las cosas entren a mi vida fácilmente.
Prefiero ser exigente y pensar antes de avanzar, para después dar el tiempo para que las cosas crezcan.
Entonces, ¿siempre sigo?
La respuesta es: no.
(vos tampoco deberías hacerlo).
Dejo cuando lo que hago no aporta valor (ni a mí ni a vos).
Cuando el costo de sostener es más alto que el beneficio que genera.
O cuando en lugar de sentir agradecimiento y gratificación, siento incomodidad y cansancio.
Y, también, cuando en lugar de sentir que mi energía se expande, queda bloqueada.
Bueno.
Como ya te dije.
Dejar, no es fácil, sobre todo cuando ya te involucraste.
Este proyecto, por ejemplo, lleva casi dos años y sigue porque todavía me retribuye.
Y te cuento otra cosa.
(Más íntima).
Hoy, camino a un festejo de cumpleaños, conversé con mi hijo.
Le dije: —¿Sabías que papá escribe y publica todos los días?
—Me miró y asintió con la cabeza.
—Bueno. Te lo digo porque cuando quieras y tengas ganas vas a poder leerlo.
—Sonrió y dijo: —Sí papá, lo sé.
(Pausa).
(Más pausa).
Sigo.
Te digo esto porque si tenés un motivo más grande, el compromiso crece y dejar, no es la primera opción.
A ver.
Es normal que haya días más difíciles que otros, y que sostener a veces se vuelve más pesado.
Pero, no es tan normal no comprometerse con nada o no darle tiempo a las cosas para que maduren y crezcan.
La confianza no llega de la noche a la mañana. Y la realidad no suele ser como la imaginamos.
No tengo claro cuánto tiempo hay que darle a las cosas (imagino que dependerá de las personas, los hábitos, las relaciones y los proyectos).
Pero sí, mantené la guardia alta.
Transitamos un momento en el que abundan los gurús del no compromiso.
Y definitivamente, así no funciona el mundo real.
Porque la vida crece cuando las cosas se sostienen.
Y además, está a la vista.
Nada bueno existe sin antes sostenerse (a pesar de la frustración).
(Mirá con atención, detrás de todo lo que es grande hay un sueño sostenido a pesar de los días malos).
Yo, no siempre lo logro.
Pero todos los días lo intento.
Busco agregar valor y además, construir legado.
Por eso dejar, es la última opción, no la primera.
Y vos, ¿estás dejando cosas que deberías sostener?
PD: Si querés leer más, Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.
Fin.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
Hasta la próxima reflexión, seguro. Gracias.
Mariano.
