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Estás creciendo tanto que no lo podés asimilar. 

Ayer te conté del síndrome de Peter Pan, hoy te cuento sobre otro: el síndrome del impostor. 

Al trabajar con personas 1:1, puedo decir que es normal sentirlo. A ver, no es una constante que las personas duden de sí mismas todo el tiempo, pero a veces pasa, sobre todo en las épocas o los días malos. 

El síndrome del impostor te pasa cuando dudás de tus capacidades y de tus logros. Y se refleja en las conversaciones internas que tenés con vos mismo. Te decís cosas horribles como: “no me lo merezco”, “soy insuficiente” o “me van a descubrir”. 

En algún punto, cuando buscás sumar credenciales (títulos, cargos y cosas así) lo hacés por ambición y autoestima, pero también para que en los días oscuros tengas de dónde agarrarte para no sentirte un impostor.

Mirá, a diferencia del síndrome de Peter Pan (en el cual la persona, a partir del miedo, la inconsciencia o la inseguridad, esquiva las responsabilidades), el síndrome del impostor aparece cuando estamos avanzando tan rápido que ni siquiera llegás a tomar conciencia y asimilar el crecimiento. Y entonces, parás la pelota y te decís: —¿Cómo es que estoy acá? ¿Me merezco todo esto? 

Y te digo una obviedad, pero si lograste algo mínimamente importante en la vida, algo bien habrás hecho. Y te digo más: los que más juzgan a los que logran cosas son aquellos que están frustrados por no lograr nada.

Así que si sufrís el síndrome del impostor, acordate: estás creciendo tanto que no lo podés asimilar. 

PD: una comunidad con gente que crece: Círculos.

Fin.
Mariano.

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