Una semana según lo planeado, redonda, o casi… porque antes de empezar el fin de semana me cancelaron la reunión más importante: la última entrevista de mi tesis doctoral.
Para sacarme el fastidio salgo a caminar al aire libre.
Tengo auriculares pero me los saco, en lugar de la música, escucho las hojas que se mueven y el agua que golpea las piedras.
Veo hojas en el piso y agujeros con pequeñas montañas de tierra al costado (hogar de las hormigas), también pedazos de palmera seca y desechos humanos (yerba lavada y algunos papeles).
Hay personas, algunas posando y otras relajadas.
Lo que más me sorprende es que la gente del mundo real no sonríe como en Instagram. Hasta los que van con el cuerpo pulido se ven inseguros y frágiles. —Bueno, ahora que lo pienso, tampoco estoy sonriendo, no tengo el cuerpo pulido, pero como ellos me siento vulnerable.
Es loco pero a la naturaleza le llevó millones de años llegar hasta acá.
Vos y yo somos el resultado de la evolución, como esas ramas secas y los restos de tierra que dejan las hormigas, estamos llenos de imperfecciones.
Entonces, ¿por qué nos impulsa un deseo absurdo hacia la perfección?
Me siento estúpido por haber deseado que mi semana salga como la planeé, porque la vida no es perfecta.
Mientras camino pienso en esto y me lleno de recuerdos.
Pienso en la sonrisa imperfecta de mi hijo a la que le faltan dos dientes.
O en el día que nació, también imperfecto, porque en la habitación posparto, el botón para llamar a la enfermera no funcionaba. Y eso hizo que la ansiedad y el miedo de su mamá y la mía (padres primerizos) se canalizara planificando cómo destruir a nuestro nuevo enemigo: la prepaga. Después se nos pasó, decidimos que criar y darle amor a nuestro hijo era un plan mejor.
También recuerdo a un gran (e imperfecto) amigo. Era baboso, peludo y oloroso; no jugaba, ni ladraba, pero donde yo estaba, él estaba. Leal y compañero, se acostaba a un metro de distancia. Estuvo conmigo por más de diez años.
También recuerdo la primera cita con mi primer amor. Ella estaba muy nerviosa y tomó de más. Fue al baño; minutos después, alguien me dijo: tu novia se siente mal. —Ese día nos quedamos sentados en el primer escalón del edificio donde vivía hasta las ocho de la mañana. Esa cita imperfecta tuvo mucho que ver con que más tarde me enamorara de ella.
Empiezo a creer que nuestro deseo inhumano de perfección hace que perdamos la oportunidad de crear nuevos recuerdos.
Quizá esté equivocado pero la imperfección es a la vida lo que el silencio es a la música.
Reflexiono, sigo caminando rodeado de ramas secas, tierra que dejaron las hormigas, desechos, y personas vulnerables que no sonríen.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
¿Te gustó? Decimelo. Hasta la próxima reflexión. Gracias.
Mariano.
Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.
