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Impreciso. | #133

En la imprecisión del humano que intenta algo grande, hay magia.

No sé si sabés, pero Shakespeare escribió Hamlet después de perder a su hijo. 

Es verdad que para poder crear su obra antes acumuló miles de horas de escritura. Pero también se puede decir que el amor y el dolor hicieron lo suyo.

—¿Son esas emociones intensas e imprecisas las que explican por qué gran parte de su producción sigue vigente?

Es loco, pero hoy con un prompt bien elaborado, en minutos, podés crear una obra similar a la de Shakespeare. Pero… a diferencia de lo que podés hacer con un prompt, él dedicó miles de horas de práctica. Y transitó la frustración, el deseo, el amor y el dolor de su propia existencia. —¿Puede una inteligencia artificial replicar esa carga emocional? —Yo creo que no. 

Hay algo que el contenido sintético y pulido no logra expresar, es la intensidad humana. Puede ser técnicamente superior, pero no conecta. —El intento del humano por hacer algo grande, es definitivamente mágico.

Las últimas semanas me sorprendí, y mucho. Escuché a personas con un perfil marcadamente científico darle importancia al espacio que existe entre lo que saben y lo que no pueden explicar. Me refiero a aquellas explicaciones metafísicas con las que las personas intentamos dar respuesta a lo inexplicable. —¿Dios, universo, optimismo antropológico?

Por un lado, tiene lógica que busquemos algo más grande que nos contenga porque vivimos en un momento de máxima incertidumbre. Nos rodean los debates sobre los riesgos que la IA representa para la humanidad. Los líderes de las compañías tecnológicas, empleados, exempleados, expertos de la industria, pseudoexpertos y prácticamente todos los medios de comunicación debaten sobre las posibilidades de que la IA elimine a la humanidad.

Por otro lado, quizá estamos llegando a la cima de la tecnificación y, como dando vueltas en círculos, nos acercamos a algo más grande que no podemos explicar con racionalidad. Yo no sé si se trata de la imprecisión humana, pero detrás del espacio que deja el hombre que intenta algo increíble, hay algo hermoso.

Lo que percibo al leer Hamlet, también lo veo en la Gioconda o la Capilla Sixtina. —Extremo los ejemplos para retratar cómo personas sin smartphones ni inteligencias artificiales llegaron a donde llegaron. —Personalmente me obsesiona la agencia, porque ese espacio en el que aumentás tu capacidad para influir en tu propia realidad, es mágico.

Te digo esto porque algunos podrían terminar la conversación diciendo que William o Leonardo son unos fuera de serie. Y lo son. Pero yo también veo miles de horas de dedicación intentando crear algo grandioso. —Es más, creo que para ellos sus obras no estaban ni cerca de ser las que buscaban.

Podría hacer de este escrito una lista interminable de ejemplos de cómo grandes hombres (y grandes mujeres), después de miles de horas de dedicación produjeron grandes obras. Pero no es la intención. 

Mi idea para este escrito es poner al frente el valor de la imprecisión humana. Y por varios motivos: 

Primero, porque es un combustible que te motiva a ser mejor. Segundo, porque con oficio, dedicación e intención, en la medida que la imprecisión se reduce, el espacio que queda se llena con algo hermoso (y metafísico). Y tercero, porque vengo viendo que, con la excusa de la eficiencia y la hiperracionalización, corremos el riesgo de apagar el componente mágico que hay en nuestra especie.

En fin: —¿Cómo te ves en un futuro no tan lejano: leyendo y actuando las indicaciones precisas de tus Gafas Meta o tolerando la imprecisión que se genera al buscar algo grandioso?

PD: este escrito podría ser mejor, pero es impreciso. Sigo sumando práctica. Prefiero fallar en el intento a quedarme con la idea de cómo hubiese sido haberlo intentado.

Fin.
Mariano.

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