Ésta semana, la primera del último mes del año, te comparto la edición #38 de Reflexiones. No tenía una sola forma de encarar este escrito, es un tema demasiado grande y con muchos caminos posibles de abordaje. Incluso es un tema de debate, tiene defensores y detractores.
–Hoy voy a reflexionar sobre las plataformas y voy a incluir en mí análisis mí rol como usuario y creador de contenido.
–¿Me acompañás? –¡Empecemos por el comienzo!
–Yo, usuario.
Cuando pienso en mí identidad digital, me surgen preguntas como –¿Puedo ser yo mismo en una plataforma? –Es decir, lo entiendo. Ingreso, creo mí perfil, cargo información, selecciono una imagen que me represente, menciono algunos de mis gustos e intereses, comparto contenido e interactúo con otros usuarios… ¡Hasta ahí todo perfecto! Lo hago yo mismo. Pero, ¿Logro expresar verdaderamente mí singularidad? –Esa combinación que me diferencia, que me hace único, con defectos y virtudes. –Y, más allá de mí voluntad –¿Las plataformas están diseñadas para potenciar los aspectos singulares de los usuarios o más bien para igualarnos?
Nuestras huellas lo indican. Somos especialmente «exigentes» a la hora de elegir lo que nos gusta y separarlo de lo que no. –O al menos eso declaramos. –Sería muy extraño que nos pongamos a consumir un contenido irrelevante, ¿no? –¿A quién se le ocurre la idea de consumir e interactuar con lo primero que nos pongan adelante? –Es muy raro pensar que las personas en nuestro rol de usuario, podríamos consumir contenidos sin elegirlos –Bueno, bueno. ¡Está bien! ¡Hay excepciones! –Días eventuales en los que nos decimos algo así cómo «¡Estoy re quemado! Necesito a apagar el cerebro. Miro reels, juego jueguitos, o miro contenidos absurdos varios»… –¿Compulsivamente? –Faltaba más, ¡Por supuesto! –Me pregunto, ¿Hace mucho tiempo que estamos algo quemados?
–Entonces, ¿simplemente ponemos el ojo en lo primero que nos propone la plataforma? –¿Si? –No se si a vos te pasa, pero a mí sí. Rara vez me lo cuestiono –Porqué consumo los contenidos que consumo. Porqué interactúo en una plataforma de una manera y no de otra. –Es como si sintiera que acepto una invitación bien intencionada que me lleva hacia ciertos contenidos y no otros. –¡Cansado! Rara vez opongo resistencia. Sólo me dejo llevar.
–En el mundo analógico, es diferente, ahí si me sorprendo. La mayoría de las personas y «contenidos» son singulares. Al menos más que en los perfiles digitales. –Son individuos, no targets. Se expresan de formas variadas y tienen ideas originales. Distinto de lo que pareciera ser el comportamiento de enjambre dentro de la plataforma. –En el mundo analógico, es evidente que las personas no somos un número, tampoco partes iguales de un target –¿No te parece?
–Yo, creador de contenido.
El contenido se ha vuelto sin lugar a dudas el centro de la escena en los últimos años. Contenido escrito, en imágenes o audiovisual. Así como lo hago en éste momento escribiendo la newsletter o publicando semanalmente Snac Podcast, millones de creadores de contenido en distintos lugares del mundo comparten sus creaciones minuto a minuto. Contenido educativo, publicitario, de concientización, entretenimiento o pura exacerbación del ego a través de lo estético –¡Hay de todo y para todos los gustos! –Además, millones de usuarios están a toda hora consumiendo contenidos. Los creadores, lógicamente, también somos usuarios –lo que se denominó como ¡prosumidor! –«Usuarios que participan activamente en la creación y diseño de los productos y servicios que consumen» (Tofler 1979)–.
–No puedo evitar preguntarme –¿El diseño de las plataformas y los objetivos de los diseñadores de dichas tecnologías, ponen límite al potencial creativo y expresivo de quiénes generamos contenido?
Al crear contenido, constantemente me enfrento a una encrucijada, un dilema. El desafío de responder a la pregunta –¿Para quién estoy creando el contenido?
En primer lugar, un desafío central, crear «contenido interesante para los usuarios». Seguramente de las #38 reflexiones algunas te deben haber parecido mejores que otras. –Me pasa con familiares, amistades y colegas. A veces me dicen «me encanta», otras «me gusta», y en algunos casos, el doloroso «safa». –Es normal, por más que queramos, nuestras producciones no pueden gustar todo el tiempo a todo el mundo. –Ni que hablar del feedback contradictorio. Una persona te dice «me encanta» y otra, dice «sí, safa». ¡Tremendo!–.
En segundo lugar, la estresante e incansable tarea de conformar «mí propia exigencia interna». Es durísimo tener que negociar conmigo mismo, en ocasiones resignar estándares para no perder frescura e intentar cumplir con la entrega semanal dado que es un objetivo que me puse para este año –soy un poco obsesivo–.
Hasta acá la discusión parece dicotómica. Pero hay algo más –¡Sí! Tengo que respetar las sugerencias y recomendaciones del «dueño del circo». –Acá es donde la cuestión se pone más compleja.
–El algoritmo es el actor que media todas las interacciones. Para que vos puedas estar leyendo ésta reflexión te tiene que haber informado. Ya sea a través de un mail, notificación, o haber visto la publicación en la sección de inicio. –Es por ese motivo la labor creativa es aún más exigente. No sólo se trata de poder compartirte contenido relevante, reflexivo e interesante, dejar satisfecho a mí diablito exigente interior, sino que además, debo «gustarle» a la plataforma. Si no «conquisto» su corazón y me posiciono, el contenido queda invisibilizado.
–Considerando éste escenario, me pregunto –¿Podemos expresarnos con libertad a la hora de crear contenido o los filtros son cada vez más evidentes? –Siento y pienso, que la intervención y participación del algoritmo «sugiriendo» y «recomendando» nuestras producciones, es cada vez mayor. –¡Ojo! Quizá se trata de un sesgo personal.
–«Las Plataformas». –Meta, Google, Linkedin, TikTok, X, entre otras.
–¿Qué rol ocupan las plataformas y sus algoritmos en el ordenamiento de los contenidos?
–Las plataformas junto con el ecosistema de aplicaciones satélite, proveen información útil para la creación de contenidos. Brindan información sobre el comportamiento de los usuarios –rangos etarios, momentos de uso o consumo, intereses, gustos… ¡Sugieren! –Proveen estadísticas e información relevante que permiten identificar a usuarios con comportamiento e intereses específicos. La información puede utilizarse para desarrollar y seleccionar «targets» puntuales. Que luego, será de ayuda para definir estrategias de marketing con mayor criterio.
–El algoritmo ocupa un rol central en la escena, es útil para el usuario, para el creador de contenido y también para las empresas. –Asimismo, cada plataforma está diseñada con su propio estilo. Sus diseños tienen ciertos límites, filtros. –Y, ¿crean sus propias «burbujas»? –¡Puede ser!
–Algunos, los defensores, podrían acusar –«Es lo que pasa en cualquier espacio analógico». –Así como instagram se comparten experiencias visuales y predomina lo estético. En un estadio de fútbol se realizan eventos deportivos –eventualmente otro tipo de eventos–. Así cómo en X, se comparte información de forma rápida y con pocos caracteres –Salvo esos hilos eternos–, en un restaurante o bar se consumen comidas y bebidas. –Así como en Linkedin… Bueno, ya está ¡Se entendió!
–¡Es cierto! Es probable que la plataforma funcione parecido a un espacio privado y analógico. Sin embargo, ¿estos espacios deberían manejarse con la misma libertad que tiene un «empresario gastronómico»? –A ver, me explico un poco mejor –¿Las plataformas influencian el comportamiento de los usuarios? ¿Será más de lo que imaginamos? ¿Por eso estamos quemados? –Suponiendo que así sea, ¿quién define dichas influencias? ¿Hacia dónde nos dirigen? ¿Quién realiza la vigilancia?
–En Australia se aprobó esta semana una ley que prohíbe el acceso a las plataformas para menores de 16 años. –No digo que sea así, pero pareciera indicar algo, ¿no?
–Los usuarios de las plataformas actualmente superan el 60% de la población global. Las utilizamos por cuestiones profesionales y personales. En las plataformas nos vinculamos, tomamos decisiones de compra, consumimos, definimos lugares dónde vacacionar, dónde salir, qué estudiar, leer, mirar… –Es por ese motivo que me pregunto y te pregunto –¿Son las plataformas tecnologías críticas y sobre todo «esenciales» para la mayoría de las personas? –Suponiendo que pudiéramos elegir no ser usuarios –¿Nos perderíamos de algo?
Fin.
