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Resignificación. Y esperanza. | Reflexiones #101

Me encantan los programas de supervivencia en los que los participantes se ponen a prueba en un entorno natural brutal que los desafía mental y físicamente.

Bueno, te cuento algo.

Cuando estoy desmotivado miro estos programas; porque, por un lado, me recuerda el confort que tengo alrededor; y por otro, me hace reflexionar sobre la resistencia al dolor.

Acá quiero llegar, porque hay cosas que comparten los participantes que abandonan en oposición a los que superan el desafío.

A ver, por un lado, las condiciones del ambiente son parecidas: entornos naturales extremos, pocos recursos disponibles, temperaturas hostiles (muy altas o muy bajas), animales salvajes, y bichos de todo tipo; naturaleza real: cruda y pura.

Después, están las habilidades que si bien son importantes, la mayoría de los participantes están entrenados para este tipo de entornos salvajes.

Por eso, ¿sabés qué es lo más importante?

La motivación, porque la mayoría no abandona por la brutalidad del entorno o falta de habilidades, sino porque no puede sostenerse psicológicamente.

A ver, no sé si viste alguno o no, pero te cuento.

Con el pasar de los días, las condiciones se hacen más duras para el participante.

Primero, aparecen las dudas y llegan los pensamientos intrusivos impulsados por la presión del entorno.

Segundo, el sufrimiento aumenta como si uno mismo girara una perilla de dolor, que sube poco a poco y todo junto.

Tercero, la perilla sube hasta el extremo donde el dolor psicológico pide a gritos una decisión, ya sea una salida que baje la intensidad del dolor (abandonar), o encontrar una forma para resignificar el sufrimiento.

Acá llega lo interesante.

Porque la persona que supera el desafío, resignifica el dolor.

Sí, lo resignifica, e incluso en condiciones tremendas encuentra la motivación para seguir.

Es como si escapara de la perilla del dolor y generara una oposición esperanzadora, igual o más fuerte. Una perilla de confianza, que le dice: todo va a salir bien.

Bueno.

(Una pausa).

(un poquito más).

Ahora sí, sigo.

Sacá el entorno extremo, pensá en tu vida. 

En esos momentos en los que perdés la motivación y aparecen pensamientos intrusivos que se agarran de las condiciones desfavorables, cuando empieza la rumiación y la perilla de dolor va en aumento.

Y te cuestionás: ¿por qué estoy haciendo esto o aquello? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Vale la pena tanto esfuerzo?

Dudás.

También, viajás con tu cabeza a realidades paralelas, idealizás lo ajeno, dejás de reconocer que todos tienen sus desafíos (emocionales y/o físicos); y, al igual que vos: sufren.

Entonces, pasa algo horrible, perdés la motivación, baja la confianza, y te olvidás que la vida está (estuvo y estará) llena de momentos de duda que hay que atravesar.

Porque la perilla del dolor (que crece con sus argumentos) se apaga cuando resignificás, pensás en el sufrimiento de otros y recordás los motivos profundos que te llevan a hacer lo que hacés. 

El tema es así.

Te guste o no, para ganar un desafío, tenés que superar los momentos de crisis en los que las cosas se ponen difíciles.

Bueno.

Ahora sí, cierro con esta frase de Martin Luther King Jr.:

Si no podés volar, corré; si no podés correr, caminá; si no podés caminar, arrástrate; pero hagas lo que hagas, seguí avanzando.

Pensá en eso.

PD: Si algo te causa dolor: ¿cómo podés resignificarlo?

Fin.
Mariano.


Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.

Hasta la próxima reflexión, seguro. Gracias.

Mariano.

Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.

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