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Resistencia. | #123

Somos una especie que se resiste. 

Nos resistimos al cambio pero también a lo que no cambia.

Pero no toda resistencia es mala, y más allá de las resistencias que no suman, hay otras que sí. 

Cuando lo que se resiste es tu ego, no suma. Porque tu ego es negacionista y prolonga tu sufrimiento. Si tenés que aprender algo y te resistís, te va a buscar hasta encontrarte. Y si aun así lo negás, quedás bloqueado, tanto como te haga falta, incluso podrías enfermarte. 

Pero más allá de la resistencia por ego está la resistencia consciente. Esta es distinta y tiene matices. Es la que lucha contra el cambio desenfrenado y fanático; es la reflexión para bajar la espuma y sumar conciencia.

La tarea para diferenciar el tipo de resistencia no es fácil. A veces te sirve sumar voces o perspectivas, otras hacerte preguntas incómodas. —¿Cuántas? —Tantas (perspectivas y preguntas) como hagan falta para entender a qué te estás resistiendo, porque recién ahí vas a poder trabajarlo y dejar de resistirte.

Vamos a darle una rosca más, dentro de la resistencia del ego puede haber miedo y también por agotamiento. El miedo se puede vencer con un mayor nivel de conciencia (porque cuanto más nuevo y más distinto es algo, más miedo genera). Y la resistencia por agotamiento es la que vivimos en el mundo actual, donde las personas vivimos con nuestros universos narrativos llenos, rebalsados. Entonces, sin espacio ni energía, el esfuerzo cognitivo para romper preconceptos o sumar ideas nuevas es inadmisible. O simplemente aburrido.

Por otro lado, la resistencia consciente busca visibilizar lo ignorado, sea porque es grave hoy o porque tiene la potencialidad de ser grave mañana. Es la resistencia que busca el cuidado individual y colectivo (el bien de los comunes), pide pausa para pensar y ayudar a que sean menos los afectados o más los que salgan airosos del cambio inevitable. Si bien los ejemplos sobran entre quienes luchan contra las injusticias de la humanidad (esclavitud, desigualdad, discriminación, destrucción cultural o genocidio), también entre ellos se mezclan los pícaros y ventajeros que disfrazados de oveja buscan su propio beneficio. 

Conclusión: no todas las resistencias son iguales ni todos actuamos y pensamos igual. Pero con trabajo, aun actuando y pensando distinto, podemos expandirnos más allá de resistirnos.

En lo personal, muchas veces me resistí por ego. Lo hice, por ejemplo, cuando negué una nueva realidad. Vi cómo mi ego se desmoronó, lenta y dolorosamente. Y recién cuando quedé cara a cara con mi propia vulnerabilidad, no me quedó otra que aceptar que la nueva realidad había llegado para quedarse. Te doy otro ejemplo, me pasó cuando mis propias creencias se enquistaron y mi propio universo sesgado no me dejó ver más allá. Sin darme cuenta, me encerré y me perdí los matices del mundo, dejé de ver la magia y la belleza. Y recién pude volver a explorar cuando derribé la resistencia del ego. 

Con la resistencia consciente hoy tengo contacto seguido. Dedico gran parte de mi tiempo a investigar y conversar con otros. Me encantan las ideas que mueven la frontera, pero también aquellas que traen matices en lo que parece inevitable, porque la resistencia a veces ayuda y es una respuesta ante lo injusto. 

Para finalizar, te digo algo: —Hoy me resisto. 

La bandera que levanté es la del humanismo contra el aceleracionismo tecnológico. No por fanatismo, sino para encontrar matices. Retomando lo que reflexioné, no lo hago por ego, miedo o agotamiento, sino por conciencia. Porque lo que vivimos merece una reflexión más profunda, necesita una pausa para entender cómo las personas nos integramos con la tecnología. Tenemos que incorporar cortafuegos, mecanismos de escape, porque de la forma y a la velocidad que vamos, no estamos integrando a la mayoría. Y sabés qué, esto da pie a que muchas injusticias se enquisten, pero también hipotecamos peligrosamente a las generaciones futuras. 

¿Vos a qué te resistís? Y lo más importante, ¿cómo te estás resistiendo?

Fin.
Mariano.


Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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