De diferentes formas te llegan señales.
Yo no sé si es el futuro que me está hablando o solo son mis propios sesgos direccionando mi atención hacia lo importante. Por alguna razón que desconozco tengo la sensación de que alcanzamos un pico y ahora tenemos que volver.
Las últimas semanas la vida me invitó a reconectar con lo simple o mejor dicho retornar a lo que hacía antes.
En la facultad recuperé conceptos escondidos en manuales que estaban llenos de polvo. En conversaciones cara a cara, reavivamos algo del espíritu de los chicos que se sientan a descansar en un cordón de una vereda cualquiera en un barrio cualquiera.
Mirá, vos y yo sabemos que muchas cosas no van bien. Pero así como te digo esto, también te digo que hay algunos síntomas positivos que empiezan a notarse.
Te cuento algunas cosas antes de ir a la idea que te quiero transmitir con esta reflexión. Las últimas dos semanas, en el curso que dirijo en la maestría en dirección de empresas (MBA), invité a dos amigos y especialistas a que nos cuenten en primera persona lo que están viendo. Dos perspectivas distintas, pero complementarias.
Uno de ellos tiene un conocimiento profundo sobre IA, no te voy a contar la compleja charla porque no es la idea ni tampoco tengo la capacidad para hacerlo. Solo decirte que después de esa charla nos quedamos con una idea bastante pesada. Estamos (y lo vamos a estar cada vez más) eligiendo, decidiendo y viviendo, de forma direccionada. A ver para ponerlo más gráfico: creés que sos libre, pero cada vez te apoyás más en “asistentes” y elegís, sí, pero lo hacés en un marco y con un set de opciones previamente definido. Y los criterios de filtrado no son los tuyos, sino que están definidos a miles de kilómetros en Silicon Valley. —Más concreto: ¿qué ruta elegís para ir a un lugar, la que se te ocurre o la que te indica una app?
En la segunda conversación hablamos sobre comunidades, esta palabra que se está volviendo tan popular en el mundo del marketing y los negocios, y no hace más que reavivar conceptos del pasado. Nuevamente no te voy a contar la charla, pero sí transmitir algo del espíritu.
Mirá, hay una diferencia grande entre la promesa y la ejecución. Las redes sociales llegaron a tu vida (y la mía) con muchas promesas, pero cambiaron su naturaleza. No me voy a despachar contra ellas, pero sí voy a decirte unos datos que son lo suficientemente representativos. Cuando le pregunto a alguien: ¿para qué usás Instagram? Una respuesta recurrente es: para estar en contacto con mi familia y amigos. Lo normal. Estamos muy ocupados y es una buena forma de saber en qué anda y qué hace tal o cual.
Bueno, acá viene lo inquietante: según las estadísticas (al final te dejo las referencias) solo el 7% del tiempo que pasás en Instagram mirás contenido publicado por amigos o familiares, el 93% restante, no. Y sabés qué, solo el 46% de los usuarios interactúa con amigos. Y sabés qué más, solo el 15% conversa con conocidos no cercanos. En síntesis, podemos dejar de llamar sociales a las redes sociales. No es mi objetivo renombrarlas en este escrito, pero si tuviese que ponerles un nombre, recuperando lo anterior, las llamaría algo así: redes que modelan el comportamiento.
Más allá de invitarte a reflexionar y de que me gustaría que te hagas más preguntas (¿qué elegís? ¿Qué descartás y por qué?), no es el objetivo de este escrito.
Lo que me importa es el retorno. Tengo esperanzas (dicen que es lo último que se pierde) porque estamos volviendo a recuperar rituales y prácticas esenciales para mejorar nuestra calidad de vida. Y no solo la calidad estética y superficial, sino la salud emocional que tanto efecto tiene sobre nuestra salud física.
Nuevos rituales no tan nuevos: sentarse alrededor de una mesa pero solo a conversar, llamar por teléfono (y sin pedir permiso), visitar a alguien espontáneamente y recuperando el factor sorpresa, apagar tu teléfono o dejarlo en una canasta antes de entrar.
Para cerrar, la IA vino a recordarte que todas tus decisiones pueden ser más eficientes y mejores. Pero también te recuerda y con urgencia, que tenés que empezar a profundizar y entender lo que te hace humano. Y no sé vos, pero yo pienso: —¿No será lo imprevisible y el factor sorpresa algo muy humano?
Quizá si soltamos la ilusión de control (moldeada por alguien más) y recuperamos el factor sorpresa y lo impredecible (al menos en entornos controlados y por un rato) volvemos a sentirnos mejor, más acompañados, y sobre todo como esos chicos en el cordón: más humanos.
Fin.
Mariano.
Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.
Referencias:
Cox, D. A., Hammond, K. E., & Grace, J. (2025, April 3). How social media made us less social. Survey Center on American Life. https://www.americansurveycenter.org/newsletter/how-social-media-made-us-less-social/
Federal Trade Commission v. Meta Platforms, Inc., Civil Action No. 20-3590 (JEB) (D.D.C. Dec. 2, 2025). https://www.ftc.gov/system/files/ftc_gov/pdf/MemorandumofOpinion.pdf
