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Sobre humanización. | #1

Luego de analizarlo –influenciado por conversaciones y reflexiones– sólo puedo dar apertura al newsletter escribiendo sobre un concepto… El concepto de humanización. Bienvenidos, allá vamos.

No se cuando pasó, pero pasó. De un momento a otro nos olvidamos de ser humanos, tomamos distancia de la amabilidad y el respeto, alejándonos –dándole la espalda– a nuestra propia especie, a nuestra propia naturaleza. Nuestros modelos de referencia cambiaron abruptamente –dejamos de admirar a líderes intelectuales, sociales y/o espirituales– y comenzamos a observar con admiración procesos artificiales y pulidos –casi sin fallas, ni desvíos, ejecutados con muy bajo margen de error–. Negociamos –pagando un precio– sacrificamos el mundo imaginativo –fallido, con errores y desvíos–… Ese el que se vive de niños –el imperfecto– el de la prueba y el error, el de los grandes sueños. Nuestras decisiones dejaron de ser «erráticas» –al menos en apariencia–, comenzamos a incorporar datos –estadísticas e indicadores – y dejamos –poco a poco– de preguntarnos sobre la inmensa cantidad de aspectos no cubiertos ni mapeados por los procesos digitales.

Dejamos de pensar en sí el camino tiene árboles o es soleado, y pasamos a preocuparnos por si es lo suficientemente «rápido» –eficiente–. En semejanza al «hombre de negocios» del principito… ¡No podemos perder tiempo en cosas sin importancia! Pero bueno… Nosotros no contamos estrellas –ni las poseemos, al menos no, la gran mayoría de nosotros–. ¡Sí! necesitamos tiempo. Una amplia variedad de «experiencias» increíbles nos esperan. Cuando fue –no lo sé– pero olvidamos escuchar. Olvidamos escucharnos… Velamos porque el contenido esté curado –no vaya a ser que tengamos que interactuar o mirar la cara de otro ser humano–.

¿Dónde quedó el tiempo lento y de reflexión? ¿Dónde quedaron las apasionadas conversaciones? ¿Los grandes ideales? ¿Dónde quedó esa intención y voluntad de hacer del mundo un lugar más justo, ecuánime y humano? ¿Cuándo pasó que pasamos a confiar en redes neuronales artificiales que simulan una proporción –ínfima– de la complejidad de la mente humana y dejamos de confiar en lo humano? ¿Dónde quedó la intuición, la exploración espiritual, la búsqueda de grandes sentidos…? ¿Cuándo fue que «buscar» se convirtió en sinónimo de googlear o interactuar con la IA…?

Evolucionamos mucho opinando de casi todo –personas, discursos, decisiones, medidas, comportamientos, especies, objetos…– pero poco hemos crecido profundizando en temáticas complejas, humanas y milenarias… «¡Los problemas humanos de fondo son similares, sino los mismos!» basta con leer a Séneca, Schopenhauer, Tolstoy y otros grandes pensadores de siglos anteriores… –Pienso– 

Abandonamos las largas conversaciones introspectivas, porque necesitamos más tiempo… Una variedad de nuevo contenido nos llama –nos espera–. ¡Es cierto! en un aspecto retornamos a la niñez –si bien nuestros padres ya no nos indican qué, cómo, cuándo, dónde– si volvimos a que nos digan lo que sí podemos y no podemos hacer –dentro de un hermoso, inmenso y colorido conjunto de opciones predefinidas–. Hoy son los algoritmos –la inteligencia artificial– quiénes velan por nuestros intereses, por lo que queremos… ¡Lógicamente! Siempre y cuando esté en el menú. Pero bueno… No podemos quejarnos… La «cámara de eco» es sofisticada –compleja  y novedosa– nos da tiempo y… nos quita estrés, ¿no?

Ahora sí, ya estamos más cerca, dentro de poco… En muy poco tiempo –con la IA y lo nuevo que se viene– lo vamos a lograr ¡llegará el día! Vamos a disponer de más recursos… De más tiempo… Ya casi llega el poder compartir tiempo de calidad con nuestros seres queridos… Y vamos a poder respirar, caminar, tocar, sentir, conectar, mirar y apreciar la naturaleza… Pero ¡Ojo! ¡Cuidado! No vaya a ser que estemos buscando, aquello que aún no hemos perdido. Básicamente ¡SER HU-MA-NOS!

Hasta dentro de una semana.

Fin.

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