Me muevo en un ecosistema donde la autoexigencia es un estándar.
Por un lado, cada una de las personas que me rodea tiene una experiencia e historia de vida muy particular; pero por otro, tienen en común un nivel de autoexigencia alto.
La exigencia es un arma de doble filo, por un lado, te impulsa cada día a salir para adelante, pero también, los días difíciles, te castiga y se vuelve difícil de gestionar.
Te cuento esto porque la última semana tuve, con personas distintas, cinco conversaciones que tuvieron en común la vocecita interna haciendo de las suyas.
Sabés qué, lo que marca la diferencia no es cambiarlo, sino la forma en que gestionás eso que es parte tuya.
Personalmente, durante mucho tiempo creí que algo estaba mal conmigo, y quise cambiar. Más tarde, creí que algo estaba mal con los demás, y los quise cambiar. Y después de mucho trabajo de exploración y autoconocimiento, descubrí tres cosas: la primera es que la vocecita intensa y exigente es un rasgo de la personalidad; la segunda, que la personalidad no cambia casi nada a lo largo de tu vida; y la tercera, que por tener ese rasgo, voy a tener algunos días malos que gestionar y herramientas que incorporar.
Entre las personas autoexigentes que me rodean: algunos salen a correr, otros a caminar, otros van al gimnasio, meditan, escriben y algunos, como yo (con más intensidad), hacemos eso y además, mandamos un mail diario.
Hace que tu identidad sea parte de tu marca personal.
PD: desarrollá tu marca personal humana y científicamente: Modelo Pbe©.
PD2: miércoles 22 de julio abro un espacio.
Fin.
Mariano.
