Hay una frase de Stan Lee que se hizo popular en Spiderman, dice: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
Tiene correlato en una frase bíblica que dice: “A quien mucho se le ha dado, mucho se le demandará”.
Ni vos ni yo ni nadie podemos ver la realidad, pero muchas personas tienen esa sensación de “despertar” y conectar con algo más grande.
Te puede pasar a partir de un momento de felicidad extrema, un amor intenso, una pérdida, una crisis personal, un llamado espiritual o hasta por encontrar el medio para plasmar eso que siempre estuvo con vos, nada más que no sabías cómo usarlo.
La sensación de conectar con un algo especial está en más personas que las que imaginás, y cuando las personas se alinean con ese poder, talento, llamado (o como quieras decirle), brillan. Porque en algún punto es lo que los hace diferentes, singulares.
¿Hay malas noticias?
Sí, no todos están dispuestos a asumir la responsabilidad que tiene el hacerse cargo de ese poder.
Por empezar porque es incómodo. A conciencia o no, algunos eligen ignorar ese poder interno y prefieren pasar desapercibidos dentro de un colectivo, priorizando mezclarse con otros y pagando el precio de asumir como propias las verdades ajenas. No me malentiendas, somos seres sociales y todos necesitamos de personas, grupos y comunidades, pero hay un espacio solitario necesario para desarrollar un poder, que algunos deciden ignorar y otros no.
Segundo, si te hacés cargo del poder y asumís la incomodidad, tenés que encontrar los medios para cultivar el talento y éste es otro proceso doloroso porque necesita de esfuerzo, constancia y ajuste. Y para sumar miserias, tu poder puede ser asincrónico, ya sea porque no encontrás los medios para expresarlo o porque el exterior no está preparado para recibirlo. Lo que necesita el mundo en un momento determinado, puede no coincidir con tu momento y el de tu poder.
Tercero, y más importante. Asumida la responsabilidad del poder, aceptada la incomodidad del proceso, ¿qué vas a hacer con eso? Porque las intenciones son importantes. Hay personas que utilizan su poder como excusa para construir y otras para destruir.
A ver, salí a la calle, tomate un colectivo, un tren, charlá con los que tenés alrededor (más allá de lo superficial), si algo sobra en el mundo es malestar, incomodidad y dolor. Es innegable que hay espacio para agregar valor.
—¿Qué hago con este poder?
Es una reflexión muy profunda y personal, también dinámica a lo largo del tiempo. No tenés el mismo nivel de razonamiento a los veinte, a los treinta, a los cuarenta o más tarde. Tampoco responde exclusivamente a una cuestión etaria sino evolutiva.
A mí, no me da lo mismo, ni creo que sea lo mismo destruir que construir.
Lo digo porque más allá de los errores, las intenciones son importantes.
Personalmente encontré la palabra en todas sus expresiones como medio. A partir de mis reflexiones, mail diario, charlas 1 a 1, podcast o el dictado de una clase, intento poner en palabras lo que otros no pueden. No me importa si resuena con uno, dos, cien o miles de personas, porque con que sólo vos leas esto y te resuene, mi poder estuvo bien utilizado.
Mirá toda fuerza tiene una contrafuerza, detrás de un héroe hay un antagonista, y muchas veces esa rivalidad está en tu propia cabeza.
Yo para hacer esto y sostenerlo, abrazo mi poder, me enfrento con la incomodidad y me choco con mis propios límites. Para expandirme todos los días sigo haciendo y también me apoyo en los poderes de otros.
Tengo un propósito y quizá mis sesgos me impidan ver lo contrario, pero para mí:
Todos tienen un poder, pero no todos se hacen responsables de desarrollarlo.
Yo uso el mío para comunicarme con vos que querés hacerlo, por eso quiero saber:
¿Cuál es tu poder?
Y…
¿Te hacés cargo de la responsabilidad que conlleva?
Fin.
Mariano.
Reflexiones, cada semana desde el 20 de marzo de 2024.
¿Te gustó? Decimelo. Hasta la próxima reflexión. Gracias.
Mariano.
Leé más de lo que escribo: Reflexiones: acá; y, Hambre y Ganas: acá.
