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Más Sapiens cada día. | #2

Momento ideal para escribir, ideal para iniciar la segunda reflexión.

Luego de compartir un almuerzo con amigos y tener largas e interesantes conversaciones, no pude evitar reflexionar sobre algunos rasgos distintivos de nuestra especie, de nuestra propia naturaleza.

Me abordó la idea de que somos –sólo un poco más– que primates que han evolucionado, de hecho técnicamente, nuestra especie pertenece a los homínidos –monos superiores o grandes–. y más específicamente «homo» –hombre– «sapiens» –sabio, es decir, pensante–. En la práctica, es evidente, el hombre no siempre es sabio –no siempre es pensante– y son incontables las ocasiones que se hace visible que somos más primates –con todo el respeto que merece el espécimen–, que sapiens. Parecemos algo así como «primates con ideas» –nos duela o no– a veces incluso «primates sin ideas».

Entiendo que el secreto está ahí, en nuestra evolución genética… ¿Por qué motivo –a veces– nos conectamos más con nuestro origen primitivo y otras –más– con el sapiens? –me pregunto– ¿Actúo acorde al desarrollo evolutivo de mi especie? ¿Estoy velando por el interés y la defensa de éste desarrollo evolutivo? ¿Cómo aporto a la supervivencia de mi especie? –¡duro!– ¿Prefiero no pensarlo? ¡Quizá…! ¿Algunos ruidos? –¡Necesito más experiencias, más tecnología y nuevos contenidos! ¡Más!–… ¿Me escucho? Pareciera que la mayor cantidad de respuestas están ahí, vienen con nosotros… Está el primate y está el sapiens, las cartas están repartidas… Las tenemos en la mano ¿Cómo las voy a usar? ¡Jugalas como quieras!

¡Es cierto! Estoy proponiendo una debate muy dicotómico, somos una combinación biológica más compleja –evolutiva–… Pero juguemos un poco, el escrito es para reflexionar…

Por unos minutos usemos nuestra energía y pensemos –seamos más Sapiens cada día–… ¿Qué haría si tuviese de mascota a un primate? –Reflexiono–… Bueno… Empezaría por alimentarlo –comida y bebida–, no le daría comidas muy pesadas –no vaya a ser que se descomponga–, nada de bebidas alcohólicas o azucaradas porque no quiero exaltarlo. Luego, algo de actividad física –aunque sea un poco– tiene mucha energía que quemar –lo quiero cansado– sino después me va a despertar en la noche. A ver… –me pregunto–… ¿Qué más? Sí, entretenimiento, quizá algún juego manual –algunos juguetes o herramientas básicas– cosas que no lo exciten demasiado ¿Qué más? ¿qué más? –¡Obvio!– ¡Cariño! Necesita afecto, caricias… Quizá –porque no– unos abrazos ¿Algo más? –pienso…– Abrigo si hace frío… una cama… En fin, se entendió. En conclusión, varias cosas que me permitan –y ayuden– a mejorar su temperamento –básicamente– ¡Domesticarlo!

–Me pregunto– ¿Qué estoy haciendo para domesticar el primate que llevo adentro? ¿Lo estoy domesticando o lo estoy dejando tomar el mando?

Pero imaginemos… Algo simple, como manejar un auto de un punto a otro –el que quieras–… Eso sí, dentro están tus seres queridos… ¿Pondrías al volante a un primate? ¿Estás dispuesto a correr ese riesgo? Imagino, que la respuesta –salvo que tengas un elevado grado de psicopatía– es un simple ¡NO! Entonces… Repasemos ¿Hay algún área de la vida que estés dejando al primate hacerse cargo? –Vos sos el que está en contacto con tus seres queridos, ¿no?– ¿Estás haciendo algo para domesticar–te –cansar–te y moderar–te?

De esto se trata: ser capaces de ser más sapiens cada día, o ¿no?

Empezar –reflexionar y pensar– cómo podemos domesticar al primate que llevamos dentro, para tener energía disponible y ser capaces de ser más sapiens y desarrollar pensamiento crítico. El primate es un animal –primitivo–, necesita cosas básicas, simples, no tan complejas… ¡No te compliques!… Sacalo a caminar, alimentalo –preferentemente con comida real–… ¿Crees que necesita tantas experiencias? ¿Tanta tecnología? ¿Tantos colores, texturas y aromas? ¿Es una buena idea darle tanta voz y tanto voto en las decisiones? Sugerencia, no nos compliquemos –tanto– la vida, ya fue pensado.

Demasiados años de evolución… Muchísimos… Nada –o casi nada– es «más peligroso que un mono con navaja».

Fin.

PD: cada día más sapiens.

Reflexiones, todas las semanas desde el 20 de marzo de 2024.

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