Cuando pensamos en «precio», pensamos en unidades monetarias asignadas a un producto o servicio. Asimismo, hay otro concepto que se distingue del precio, no menos importante: el «valor». En términos sencillos el valor es «diferencia entre los beneficios percibidos y los costos percibidos». Cuando los beneficios superan a los costos se crea valor y cuando no: ¡no!
Ésta semana estuve pensando, justamente, sobre el valor de ciertas «cosas». Más precisamente, en aquellas que no tienen un valor específico asignado. Ya sea porque «no se puede» o porque «quedamos cortos» al valorarlas en términos materiales; quizá, es hasta algo frívolo intentar ponerles un «precio».
–Me pregunto –¿Cuáles son las cosas que no se pueden comprar? Cuando pienso en ésto, no puedo evitar pensar desde mí rareza y singularidad. Dado que es mí escrito lo voy a reflexionar en mis propios términos. Voy a escribir sobre lo que para mí es invaluable. Quizá, quien sabe, dado que estás leyendo en algunas cosas coincidimos.
Cuando pienso en mí mismo como «single» –yo mismo–, lo primero que se me viene a mi mente y no tiene precio es: «estar y sentirme bien» –saludable y en armonía–. ¡Es verdad! Somos seres humanos, lógicamente, parte de nuestra propia naturaleza acarrea ciertos niveles de inestabilidad. –Me digo –¡No siempre se puede estar bien! Al igual que se producen variaciones climáticas –días soleados, nublados y lluviosos –¡Siempre que llovió paró!–. Similar ocurre con nuestro estado de ánimo ¡Es cierto! Hay personas que son más volátiles que otras. El ser humano, es un ser distinto de una máquina, somos dinámicos hay que aceptarlo. Tenemos días, semanas, e incluso periodos que pueden estar repletos de «malestar». Si alguna vez tuviste momentos difíciles y, por ende, te sentiste mal, entendés a lo que me refiero con «estar y sentirme bien». El estar bien es valioso y no tiene precio.
–Reflexiono –¿Qué otras cosas no se pueden comprar?
En segundo lugar, me parece importante: «la buena compañía». El cariño, el amor y la confianza, tampoco se puede comprar. –Pienso y genero recuerdos –Personas con las que tengo vínculos profundos y reales. Aquellas que están cerca de forma desinteresada y porque quieren. Porque las elijo y, lógicamente, porque me eligen; vínculos importantes e invaluables.
Cuanto más lo pienso más aterrizo sobre una idea… –Pienso y me repito –¡Las cosas importantes no se pueden comprar! Como dice el «zorro» en el libro «El Principito» de Antoine de Saint-Exupéry –«Lo esencial es invisible a los ojos». –Pienso y escribo –¡Lo invisible a los ojos no se puede comprar! –No pienses en la trampa, pensá en el concepto–.
–Me surge un nuevo interrogante para que pensemos juntos. –En la actualidad, nosotros las personas: ¿Buscamos más de aquello que «nos da acceso a comprar» o más de lo que es «esencial e invisible a los ojos»? –¡Reflexionemos juntos! –No se cuando fue que pasó, pero pasó ¿no? ¿Postergamos el deseo y la acción que nos conduce a lo «esencial»? ¿En lugar de profundizar nos quedamos en la superficie de las cosas? –Se me ocurrió un ¡Gran plan! –¿Nos sentarnos en el sillón de casa a ver una serie tras otra, y comer comida «liviana» pedida a través de una app? –No se como pasó pero pasó, no digo que esté mal pero: ¿Se nos estará yendo un poco la mano? –Cómo diría Aristóteles –¿Abandonamos el término medio? ¿Nos estaremos «olvidando» de lo que es realmente importante?
Considero que olvidado quedó… –¡Para! –Tengo una adivinanza ¿Jugamos? –«Parece mucho, tenemos poco, transcurre rápido y ya no vuelve» –¿Qué es? ¿Qué es? ¿Adivinaste? –Es el «tiempo». Pienso y creo –no digo que sea así pero es lo que pienso y creo –Solemos valorarlo cuando escasea o ya no lo tenemos. Probablemente alguna vez te pasó. Estás con una persona re especial para vos –Te suena un recordatorio –Compromiso «súper mega importante» que no podés evitar –¿Te suena familiar? ¿Te gustaría quedarte? Lamentablemente no podés –¿Cómo te hace sentir?
–Pienso y recuerdo –Hace muchos años, sólo podía compartir con una persona unas 48 horas a la semana –la persona y los motivos no vienen al caso–. Cada una de esas horas –de las 48–, era valiosa y única. No quería que el tiempo pasara. Exprimía las horas: ¡Al máximo! Hasta el último segundo. Aún así, siempre-siempre, me quedaba corto y con sabor a poco. Así es con el tiempo, ¿no?
Al igual que otras cosas importantes, el tiempo no se puede comprar. La vida es una, transcurre y se nos escapa de las manos. Cuando te querés acordar: cosas, personas y eventos especiales e importantes, pasaron. Después, pensás y caes en la cuenta que: ¡Es probable que no vuelvan a ocurrir!
–Para finalizar me hago y te hago éstas preguntas: ¿Qué es para vos lo que no se puede comprar «esencial e invisible a los ojos»? ¿Estás valorando correctamente? Tu tiempo: ¿Cómo lo estás usando?
–Se trata calidad no cantidad ¡Vivir es urgente!
Fin.
