En una de las tantas conversaciones interesantes que mantengo con personas interesantes, Jonatan Loidi trajo a mis manos y oídos un concepto. Lo catalogué como un «regalo» y me sentí motivado a investigarlo. Ésta semana voy a escribir sobre: «inteligencia aumentada».
Mucho he reflexionado a lo largo de mis escritos sobre aquellas cuestiones que nos diferencian a los unos de los otros, e incluso, a nuestra espacie de otras especies. Básicamente escribo #Reflexiones sobre ciertos temas –a veces haciéndolo púbico y otras en privado–, aspirando a lograr un cierto nivel de sensibilización y reflexión más profunda. Hoy lo volveré a intentar.
–¡Empecemos!
Cuando pensamos en la «inteligencia humana» existen varias teorías, y las mismas evolucionan –varían– con el tiempo y el avance científico. En algún momento se hablaba de la inteligencia unitaria –medible y evaluada por el conocido: coeficiente intelectual–. Luego Gardner propuso la teoría de las inteligencias múltiples, poniendo así sobre la mesa la idea de que existen varios tipos de inteligencia; además de las lógico-matemáticas. –Existen otras teorías, sin embargo, las teorías que existen, no son el tema central del escrito–. ¡Sigamos!
Mí foco de atención está en la «inteligencia aumentada» que se refiere al complemento que las nuevas tecnologías aportan a la inteligencia humana. Es decir, humanos y tecnologías trabajando en equipo. Ésto me conduce a un primer interrogante –¿Siempre trabajamos en equipo con las nuevas tecnologías? –Pienso y reflexiono –Y… ¿Con las viejas? –Ésto último, es material para otro escrito.
En general, sin llegar a ser completo y declarado «tecno-cenizo», mi postura respecto a las nuevas tecnologías suele ser más bien crítica. Considero que algunos de los avances tecnológicos generan más daños que beneficios. En ocasiones siento y pienso, que nos hemos alejado demasiado de aspectos importantes que hacen a nuestra propia naturaleza «HUMANA». Vamos tan rápido, que aspectos humanos como: empatía, vulnerabilidad, confianza, comunicación y, hasta, el contacto físico; empiezan a quedar un poco olvidados o, al menos, disminuidos y afectados.
Más allá de ciertos recordatorios que debemos hacernos, sobre necesidades básicas de nuestra especie –afecto, tiempo lento y contemplativo, actividad física deportiva y no deportiva, entre otros–, existen complejos desafíos en torno a «cómo nos vinculamos» con las nuevas tecnologías.
En primer lugar, es innegable el aporte al desarrollo que representan las tecnologías como: inteligencia artificial, big data, tecnología cloud, inalámbrica, aumentada… Además, de las muchísimas aplicaciones que utilizamos diariamente, para enviar contenidos –imágenes, vídeos y audios–, reuniones digitales, pagar con QR, escuchar podcast y audiolibros, leer ebooks, ver cine y series on demand, contenido streaming… En fin: ¡De todo y para todo los gustos! Nos guste o no, nos atraviesa.
–Sin ir más lejos, ésta mañana, me emocioné casi hasta las lágrimas al recibir un vídeo de mí hijo a la distancia. Tuve la posibilidad de responderle, con otro vídeo. Encima, segundos después y previo a ingresar a su escuela, me contestó con un audio. Sencillamente: ¡Fantástico!
–Pero bueno, en rigor –¿Es todo color de rosa?
Mí respuesta es categórica –Absolutamente: ¡NO! –Personalmente creo que la tecnología per se no es buena ni mala. Pero lo que las personas hacemos con la tecnología sí puede serlo. En términos generales, no nos caracterizamos por el equilibrio y los términos medios. Se puede observar fácilmente a lo largo de la historia. Solemos recordar la «moderación» y la «alternancia» una vez que la destrucción ha llegado.
–Me pregunto –¿Qué crees que te va a pasar si delegas la mayoría de tus funciones cognitivas a la IA? –Pienso –Es probable que mí cerebro se atrofie a tal punto que en no mucho tiempo pierda ritmo, capacidad y velocidad cognitiva. –Continúo con las preguntas –¿Si sólo me vinculo con el mundo a través de medios digitales? –Y, creo que dejar de relacionarme físicamente con las personas puede ser un verdadero problema. Quizá generar «fobias sociales» o por lo menos, volverme más intolerante al contacto humano, que ya de por si, tantas dificultades tiene –El «vivo», el cara a cara, no es fácil–.
Pienso y siento, no digo que sea así pero es lo que pienso y siento: no debemos perder el contacto profundo con las actividades de nuestra propia especie. No debemos volvernos extraños de nuestro propio cuerpo y olvidar que llevamos cientos de miles de años de evolución con nosotros –Aunque existan personas que no lo crean o deseen borrarlo todo–.
Por otra parte, también creo que es posible vincularnos con la tecnología en su «justo medio»: más sanamente. En él punto en el cuál nos complementa para expandirnos. Ese punto en el cuál: «nuestra inteligencia aumenta». La tecnología tiene que ser una herramienta, en lugar de: ¡Nosotros la herramienta!
¡Lo sé! ¡Es difícil! Requiere educación, pensamiento crítico, conducta y vigilancia cuasi permanente. Los entramados, objetivos e intereses que hay de fondo, son sumamente complejos. En una plataforma de social media por ejemplo –mal denominada red social–. La mayoría de los usuarios –entre 5 billones ¡Sí, billones!– tienen la creencia de que son gratuitas, pero: ¿Son realmente gratis? ¿Cuál es el modelo de negocios que las sustenta? ¿Cómo contratan a varios de los mejores profesionales del mundo? Bueno: ¡Nada es gratis! Debemos reconocer cuál es la «moneda de cambio» de cada uno de los participantes. «Nosotros» entregamos nuestro «tiempo e información». Las «plataformas» con sus algoritmos «procesan, analizan y crean» con nuestra información «novedosos productos y servicios digitales» para luego comercializarlos con sus «anunciantes» –empresas y gobiernos–.
Esto permite a los «anunciantes» «pagar» para mejorar la interacción con sus audiencias, crear comunidades, posicionar marcas, vender productos, servicios, experiencias o conseguir votos. En fin, es un modelo de negocios. Existen intereses y objetivos muy complejos y concretos, los cuáles no debemos obviar. –Pienso –¡Ya sé! El análisis puede complejizarse aún más sumando creadores de contenidos, influencers, medios de comunicación y otros. Pero, no es el objetivo–.
–Reflexiono –Para que la inteligencia sea aumentada, tenemos que reflexionar profundamente: «conocer y conocernos». Son importantes las «herramientas» pero también, lo somos «nosotros mismos», los humanos –¿A quién no le pasó –al menos una vez– pasar más tiempo de lo previsto mirando la pantallita?
–Me pregunto y te pregunto –¿Estás aumentando –o reduciendo– tu inteligencia con las nuevas tecnologías?
Deja tus comentarios, me interesa conocer tu opinión.
Fin.
